Tensión y confusión en forma y fondo

Es tan claro que todo está oscuro, de puro discutible, que al premier británico se le han plantado en su propio partido, y que desde la ONU, la resistencia al inicio de los bombardeos de castigo al régimen de Bashar al Assad, va más allá de lo previsto por parte de Rusia y de China tras haberse sumado a la renuncia general el inspector jefe del departamento de verificación XX, quien no ha tenido empacho en señalar la probabilidad de idéntico error cometido en Irak a propósito del supuesto arsenal nuclear en poder de Sadam Hussein.

Entre ayer jueves y mañana sábado se alza un puente virtual de 48 horas para que los inspectores de Naciones Unidas puedan terminar su trabajo de campo del que deducir la realidad de los hechos sobre quienes han empleado realmente armas químicas en el curso de la sangrienta guerra civil siria, con sus más de 100.000 muertos, desde que comenzó como epílogo virtual de la llamada Primavera Árabe y en paralelo con el atasco de la transición política egipcia hacia la democracia, tras de la liquidada autocracia de Hosni Mubarak.

Un notable factor de confusión en el caso sirio es el que aporta el carácter de beneficiario que Al Qaeda tiene ya de la esgrimida y puntual intervención de los occidentales contra el régimen de los Assad. Y digo “beneficiario” desde el punto y hora que el foco central de la atención sobre la autoría de los ataques con gas está centrado sobre las fuerzas gubernamentales, lo que no deja de tener su lógica; pero en modo alguno cabe obviar que la presencia de yihadistas de Ben Laden -al igual que la de suníes de Irak- establece la cualificada probabilidad de que tanto unos como otros hayan aportado armas químicas de las que poseía el régimen baasista de Bagdad, aportadas por Estados Unidos contra los persas durante la inacabable guerra irano-iraquí, de ocho años de duración, con la que se consiguió desangrar la revolución islámica del Imán Jomeini, tras del derrocamiento del Sha.

Una pregunta obligada es la de hasta dónde el mundo occidental puede pagar por el debilitamiento o eventual caída del régimen de los Assad -enfeudado a los rusos desde el primer momento- el precio de beneficiar objetivamente a los alqaedanos, autores del 11-S de 2001 y causa de las dos últimas guerras de Afganistán. Y, vista desde otro ángulo la esperada intervención a partir de este sábado, ¿no se ha reparado en los beneficios obtenidos por Al Qaeda en el Sahel como consecuencia del apoyo franco-‘británico y español a los rebeldes libios, trufados a su vez por Al Qaeda?