Esta fecha crítica

En esta fecha crítica, por ser la estimada por la acción punitiva contra Siria, es la hora de todo tipo de alertas. La alerta militar, por las eventuales respuestas del Gobierno de Damasco castigado por la coalición primordialmente anglo-americana, con asistencias franco-turcas; la alerta económica, por las consecuencias derivadas del alza del petróleo sobre la línea de la frágil recuperación económica europea; la alerta política, ante su previsible incidencia en la débil estabilidad del mundo árabe en general y del Oriente Próximo y Medio en particular. Aunque sobre todo, la alerta por el previsible efecto multiplicador para la conflictividad regional en el Mediterráneo Oriental que tendría un réplica siria -o de Hezbolá- sobre Israel y la consecuente dúplica judía.

Pero hay más: la eventual reacción iraní ante el castigo internacional inferido a su aliado sirio, además del tsunami diplomático desencadenado desde Rusia y desde China al haberse activado la punición al régimen sirio, por el supuesto empleo de armas químicas, sin la preceptiva luz verde del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Una condición ésta, de legalidad internacional, que no puede ser suplida por la obtención de un consenso conseguido desde la iniciativa anglo-americana. Mutatis mutandi se habría restablecido el conflictivo y ruinoso cuadro final habido en el inicio de la guerra de Irak, cuyos costes históricos siguen creciendo aun habiendo concluido formalmente la guerra.

Con todo, posiblemente sea el componente económico del proceso que desencadene el castigo al régimen de Damasco lo que más daño podría ocasionar en el corto y medio plazo, tal como los mercados bursátiles han comenzado a cotizar en el curso de las dos últimas jornadas. Los precedentes históricos alientan la más profunda inquietud, visto concretamente desde la perspectiva del petróleo. En 1973, la Guerra del Ramadán acabó con los restos aun vivos en el otoño de aquel año de la década dorada de los años sesenta del pasado siglo. En este cuadro económico de ahora, con la recuperación de la crisis apenas iniciada, una quiebra energética de semejante formulación a la de entonces tendría consecuencias funestas, dramáticas y profundamente irreversibles en sus componentes políticos y sociales.

No obstante, conviene no adelantar acontecimientos, aunque dicho esto convenga evitar la fuga cognitiva de la avestruz, consistente en meter la cabeza entre la arena. Las crisis como las guerras se sabe cómo comienzan pero nunca cómo acaban. Y esta crisis de ahora con Siria como escenario, tiene ya mucho más de guerra que de crisis. Esa esperada punición al régimen de Damasco, aparece potencialmente con los componentes de un castigo al mundo.

OTAN: Si los número no fallan, la OTAN ya existía cuando USA entregó armas químicas a Sadam para que gaseara a los iraníes.