Erdogan se mueve contra el Gobierno egipcio

Se veía venir la embestida turca contra la iniciativa militar egipcia de apartar al presidente Mursi del poder. Es un pleito ni cerrado ni resuelto el del islamismo contra las formas laicas del poder político. Las afirmaciones de Recep Erdogan, el primer ministro, en el curso de un mitin de su partido de que tras del golpe del 3 de Julio pasado se encuentra algo así como la tutela doctrinal y la consultoría de Israel, porque un intelectual francés y judío dijo hace unos años algo así como que “la democracia no acaba en las urnas”. ¿Acaso no tenía razón ese intelectual cuyo nombre no ha citado?

Visto el contexto de referencias históricas en el que Erdogan ha encajado tal aseveración, toda victoria electoral habría de entenderse como una suerte de cheque en blanco para trazar un camino y establecer las reglas de cómo se ha de transitar, sin que por ello mismo sea posible desandarlo porque entre tales reglas se incluye un código de circulación alternativo y opuesto al que existía al vigente en el periodo político en que se logró la victoria propia. En el fuero interno del primer ministro de Turquía, cabe pensar, reside la convicción de que el triunfo electoral de los Hermanos Musulmanes en Egipto sería el equivalente de la caída de Constantinopla en poder de los turcos seleucidas.

Creo que no fue ociosa mi referencia de hace dos días en este mismo espacio a la “dinámica de placas tectónicas”, de significantes históricos de fondo que están operando en la muy grave crisis egipcia de ahora; ocasión –y perdón por la autocita- en la que pude referirme a la caída del régimen otomano en 1923, y la implantación de la república tras del golpe de Kemal Ataturk y sus coroneles: componentes de una generación de relevo que como, en Egipto la de Abdel Gamal Nasser, pudo por su juventud aportar la carga de proyección histórica suficiente para consolidar un régimen nuevo, de confesión republicana, naturaleza laica y carácter nacionalista.

La similitud de patrones en el cambio institucional de Turquía y en Egipto trajo consigo, durante la segunda mitad del pasado Siglo XX, un cierto paralelismo en sus respectivas políticas nacionales dentro de los dichos parámetros institucionales, aunque con sus obvias diferencias en los respectivos avatares y en el juego de las correspondientes alianzas durante la Guerra Fría. Concretamente, a partir del desencuentro de Washington y El Cairo por causa de la negativa norteamericana a financiar la gran presa de Assuan. Turquía se partió el pecho en la Guerra de Corea y los soviéticos se cobraron su ayuda para Assuan poniendo un pie en Egipto, que levantaron, tras la guerra del Ramadán y la paz de 1979 firmada por Menahem Beguin y Anuar Sadat, al que asesinarían los Hermanos Musulmanes…

En defensa de éstos ha roto ahora una lanza Recip Erdogan, después de haber hecho lo propio, hace 10 años,  con el paralelismo entre el Egipto nacionalista y la Turquía kemalista y laica, al llevar el islamismo al color de su Gobierno.  Sólo faltaba que la Turquía se ahora hiciera algo más que guiños a la “guerra de religión” en que amenaza convertirse la muy grave crisis política egipcia.