Diplomacia de urgencia para Egipto

Activada la alarma política sobre Egipto a golpe de muertes masivas en las calles en las calles de Cairo – junto a otros choques en Port Said y con ataques mortales en el Sinaí, por los aledaños de Gaza; remisa la Administración norteamericana a continuar sus presiones y otros movimientos cerca de los actuales gobernantes y de los Hermanos Musulmanes, es la diplomacia de la Unión Europea, por medio de Lady Ashton, su encargada para la política Exterior, la que tiene asumido el turno de gestiones, desde este último fin de semana, para detener el tren de los acontecimientos luctuosos, antes de que descarrile por entero en régimen de guerra civil.

Y como contrapunto a la política al uso, conveniente es recordar cómo, de manera transversal y casi al cabo de su viaje apostólico a Brasil, el Papa Francisco – como ya anotaba en mi nota de ayer – venía a ponderar las capacidades del Estado laico para concertar en su seno la convivencia pacífica entre las diversas religiones de los ciudadanos. Este mensaje al paso de la primera autoridad de la Iglesia Católica ha resultado de oportunidad indiscutible en el contexto de la segunda visita de la señora Ashton a la capital egipcia. Digo “segunda” porque la anterior, cuando Mohamed Morsi era aun el jefe del Estado egipcio, no sirvió de nada al no quererla recibir, acaso por ser mujer…

Aquella más que renuencia (estricto desaire a la representante de la Unión Europea para la Política Exterior) habrá que interpretarla en serio, retrospectivamente, vistos los cargos que el nuevo poder tiene formulados contra Morsi; especialmente el que concierne a la acusación de complicidad con el islamismo proiraní de Hamás, la fuerza palestina gobernante en Gaza. Acusación que hasta el presente no se ha hecho extensiva a la de su aparente sintonía global con la política de Teherán; política de presión y reticencia contra el mundo árabe. Que en el concreto caso del Consejo de Cooperación del Golfo es manifiestamente opuesto al programa atómico de los iraníes, como lo era también el Egipto de Mubarak y lo siguen siendo, ahora y antes, los mandos militares del país del Nilo.

Como no puede ser de otra manera, la percepción iraní como la de sus sintónicos (pocos) en el mundo árabe sobre la Unión Europea es reduccionista: dependiente estructural de Estados Unidos, y hostil por ello mismo al discurso y las ambiciones del régimen de los ayatolás. De ahí que Morsi, cuando era presidente, no quisiera ver a Lady Ashton. Y por eso, entonces y ahora, Morsi ha podido ser considerado como recurso y factor objetivo en la estrategia política de la República Islámica de Irán en el Oriente Medio y en el Próximo. Lo mismo que Hamás y lo mismo que Hezbolá.

Vamos a ver en qué queda ahora la agenda política para Egipto de la representante de la UE. Cabe anticipar, por lo ya visto y considerado, que con los interlocutores del régimen (titulares de Defensa y Asuntos Exteriores, con el Vicepresidente Al Baradei y con el Presidente Mansur) todo será correcto, pero con los Hermanos Musulmanes, en la medida que su sintonía política repita lo de Morsi en la referida ocasión, dará bien poco de sí. Por lo demás, su propuesta de que los patrones de la transición egipcia sean inclusivos e integradores; las elecciones, en el más breve plazo posible, y cierta la voluntad de pacificación, es correcta y razonable. Más allá de la realidad de las cosas, en el sentido de que los islamistas poco inclusivos podrán ser desde el punto y hora en que su premisa coránica para la construcción del nuevo Estado resulta simple y llanamente exclusiva y excluyente.