Una mala noticia para Maduro

Posiblemente no podría haber una novedad peor para el vociferante de Caracas. El mensaje implícito lanzado este domingo desde Teherán de que Ali Jamenei no descartaría algún tipo de diálogo con Estados Unidos, a despecho del poco aprecio y escasa consideración que éstos le merecen en términos de racionalidad, honestidad y racionalidad, cabe considerarlo como un rayo en el horizonte de sus expectativas internacionales, más allá de sus psicodependencias con los otros referentes por los que se orienta el régimen chavista; principalmente con el caso del sistema castrista cubano, al que nutre con las dádivas del petróleo, además de las fraternidades hemisféricas subvencionadas desde La Paz hasta Bolivia y Buenos Aires y desde Managua hasta Quito.

El deshielo, por leve que pudiera ser entre el Irán de los ayatolás y el mundo occidental, del que el presidente electo, el moderado Hasan Rohani excluye a Israel (insistiendo con ello en toda una cuestión de principio que se entronca en la propia naturaleza de la teocracia iraní); la mera hipótesis de un cambio en la trayectoria histórica de un régimen político como el persa, que comenzó su crónica con un propósito de revolucionar políticamente el mundo del petróleo árabe que forma su entorno, es algo que basta para que se agrieten las certidumbres acumuladas desde el momento en que el desaparecido Hugo Chávez se trajo hasta Caracas al relevado Mahud Ahmadineyad, al que la Constitución iraní no permitió – como a ningún otro presidente – que optara a un tercer mandato; contrariamente a la práctica establecida por el chavismo, desde la propia Venezuela, en todos los países iberoamericanos integrados bajo su bandera ideológica. Que no es más que un remedo del modelo castromarxista ajustado a la posteridad de la Guerra Fría y expresado pragmáticamente en formulaciones de muy variable intensidad, como catalizador de actitudes, discursos y talantes de oposición a los EE.UU. en el mundo panamericano y de sus aliados europeos.

Obviamente, son muchas las piezas de recurso y de recambio que restan en el mundo para que el vociferante aprendiz de caudillo pueda pertrecharse contra el riesgo de que la República Islámica de Irán comenzara un día a flirtear con el “demonio del Potomac”, abriéndose a pactos o componendas en asuntos todo lo puntuales que se quiera. Tanto Rusia como China van a la suya y nunca incurrirían en ninguno de los énfasis anti-Washington que son tan del gusto del chavismo, especialmente en la acepción más botarate que ahora cursa desde Caracas.

Entre tanto, vuelve a apretarse el dogal de las iniciativas atlánticas sobre las opciones internacionales de Irán. Por iniciativa británica, la Unión Europea incluía ayer al brazo armado del libanés Hezbolá en la nómina de los grupos terroristas existentes en el mundo. Esas milicias libanesas que mantienen una participación muy significativa en la guerra civil de Siria, como apoyo relevante al Gobierno de Bashar el Asad, se integran en los recursos que Irán aporta a este conflicto y constituyen materia susceptible de entrar un día en ese hipotético diálogo que Ali Jamenei no descarta con EE.UU. Y que EE.UU. desde la suya tampoco logra establecer con el Gobierno de Maduro, que tiene rota su interlocución con las fuerzas opositoras venezolanas, a las que despacha y descalifica tildándolas de “fascistas”. ¿Sabrá este colombiano de nacimiento, entre muchas otras nociones elementales, qué es el fascismo?