Edward Snowden, pájaro en vuelo

Voló de la jaula de Hong Kong, de la que Washington esperaba que lo entregaran apoyándose en el Tratado de Extradición existente. Lo hizo antes de que se subsanaran los defectos de forma en la demanda cursada por la Administración estadounidense. Llegada ayer a Moscú en un vuelo de “Aeroflot” estar a estas horas volando desde la capital rusa hacia Ecuador uno de los destinos con los que se especulaba: Cuba, Islandia, Venezuela y el propio Ecuador. Un cuarteto de opciones en el que se conjugan desde la ausencia de tratados de extradición a la enemistad manifiesta entre los respectivos Gobiernos nacionales y el de la Administración norteamericana. Y en medio de este baile de alternativas para el fugitivo de la Justicia estadounidense, el bifronte fantasma de Baltasar Garzón, el magistrado que perdió la toga por jugar su propia partida en el tráfico de las comunicaciones telefónicas al margen de las normas procesales a que se deben atener los jueces.

Las revelaciones de Edward Snowden al “Washington Post” y al “Guardian” británico sobre el filtrado de las comunicaciones internacionales, supuestamente en asuntos de seguridad internacional también han incluido otras – organizadas por un Gobierno de su Graciosa Majestad entre las delegaciones gubernamentales asistentes a la Cumbre del G/20 celebrada en Londres en 2009- que obviamente han generado ya, en el caso norteamericano, consecuencias penales de mayor cuantía para el responsable. Es materia sobre las que ha comenzado ya a planear el instinto búlturido del magistrado jienense, que conforme las corrientes térmicas de cada coyuntura ha planeado alternativamente entre el mundo del derecho y los tráficos de la política; ahora más en ésta, como en el caso de la viuda argentina del difunto Néstor Kirchner, además del sindicato de las Madres de Mayo, y en el convergente asunto de Wikileaks, con el autorrecluido Julián Assange en la Embajada ecuatoriana en Londres.

En este tiempo de explosión de las comunicaciones en todo orden de contactos e intercambios, con cable y sin cable, con Internet y en un inacabable más allá, junto a los enlaces interoceánicos, entre el Atlántico y el Pacífico, adosándose a la ampliación del Canal de Panamá, proyectos en Nicaragua, Honduras y Guatemala dentro de una irrestricta hibridación de fórmulas (marítimas, ferroviarias y autopistas), con la irrupción constituyente de una nueva era económica del capital chino, que ya hace algo más que “estar” presente en África y la propia América, dentro de un proceso de objetiva injerencia del gigante asiático en el patio trasero de Estados Unidos.

Si algún dato más podía faltar a la pizarra donde consta el enunciado del nuevo reparto de presencias económicas y políticas en el mundo, ahí está el vuelo del pájaro Snowden desde la jaula de Hong Kong al refugio ecuatoriano, que no es la jaula angosta de una habitación en la Embajada de Quito en Londres, donde Julián Assange parece haber envejecido cinco años en solamente uno, sino en la fantástica belleza de un país que tampoco podrá disfrutar del todo, pues una escapada a las Islas Galápagos podría costarle la libertad. Sabe perfectamente Snowden que los Servicios de la Agencia a la que traicionó conocerán minuto a minuto las horas que le queden de vida. Tienen éstos entre sus manos algo más que la seguridad antiterrorista. El baile interoceánico en este Siglo del Pacífico puede ser, a menos que uno se equivoque demasiado, la materia central de esos acopios galácticos de información intervenida y procesada por unos y por otros. Pero a éstos, a los otros, no se les escapan los pájaros todavía. La libertad es condición que por sus riesgos les resulta por definición ajena.