China y la yenka norcoreana

Algo en limpio y positivo parece que se comienza a extraer de la ola revolucionaria que vive en estos últimos tiempos lo del ciberespionaje. Al menos en lo que toca al capítulo chino-norteamericano. El movimiento norcoreano de ofrecimiento a Washington de contactos políticos para apertura de diálogos serios, lo mismo que el movimiento previo de apertura hacia Corea del Sur -desdiciéndose de la última danza previa de tremendismo, con la denuncia del Armisticio que suspendió las hostilidades en 1953, y volviendo a abrir la puerta a la colaboración industrial en XX -; movimiento frenado al cabo por supuestos malentendidos en el inicio de la etapa nueva. Son cosas éstas que resultarían impensables sin la intervención de Pekín.

Tal presión china sobre Pyongyang se ha producido tras de la Cumbre habida entre los dos presidentes, el chino y el norteamericano, en un escenario estadounidense geográficamente a salvo de rastreos cibernéticos, vistos los tiempos que corren y, presumiblemente, de conformidad con pacto previo de protocolos muy estrictos. Así se comenzaban a columbrar estas nuevas realidades cuando una nueva filtración de Snowden ponía esta vez en un brete al Gobierno británico como anfitrión del último turno del G-8, al denunciar The Guardian, que otro Gabinete de su Graciosa Majestad, el del laborista Gordon Brown, había intervenido las conversaciones privadas de los participantes en una sesión del G-20, se hace patente la necesidad y la conveniencia poco menos de que en ocasiones de esta naturaleza, cada delegación prescinda de la palabra oral y la sustituya por señas y notas escritas. Y no sólo durante los días de la correspondiente Cumbre sino también en las vísperas de cada una de ellas. Los comentarios “ex post”, o carecen de relevancia funcional, o la que tengan son de valor inapreciable.

En condiciones generales de estas características, los usos y protocolos de la diplomacia precisan de ajustes y adecuaciones que eran impensables antes de que sobrevinieran estos tiempos de la electrónica aplicada al mundo de las comunicaciones. La hipertrofia de la seguridad ya se lleva por delante tanto el secreto de Estado como la intimidad de la alcoba. Veremos pues a no tardar que las reuniones internacionales serán poco usuales fuera de escenarios naturales con certificado de virginidades tecnológicas.

Dentro de ese rango de precauciones se verán en el futuro como se han visto en este presente, encuentros y diálogos del nivel del G-8 como de la Cumbre californiana de Obama y Jintao, desde la que ha sido posible meter en vereda el comportamiento internacional del régimen norcoreano. Con la Cuba de los hermanos Castro, el último fósil vivo de los tiempos de la Guerra Fría.