Urnas de Irán y guerra de Siria

El inesperado desenlace electoral habido en la República Islámica de Irán, con la victoria en la primera vuelta del clérigo moderado Hasan Rohani, único de los candidatos presidenciales abierto a las pretensiones de cambio de los grupos reformistas, trae a colación el interrogante de si los iraníes han traspuesto efectivamente el umbral de un cambio efectivo, capaz de modificar el horizonte de sus libertades internas; y el Oriente Medio, sus perspectivas regionales en el plano de la distensión. La claridad con que se ha impuesto la menos crispada de las opciones permitidas por el sistema teocrático establecido por la revolución de 1979, que invirtió los términos de la autocracia occidentalizante representada por Mohamed Reza Palhavi, al instaurar esta autocracia teocrática de signo opuesto y militante contra los intereses occidentales en la región, es un hecho que no basta ni de lejos para sostener expectativas de suficiente apertura interna ni, tampoco, de distensión en el crispado diseño de aquel espacio asiático. Menos aún en el conjunto de las relaciones internacionales.

La contundencia del veredicto electoral, que ilustra de modo tan claro la voluntad popular de un cambio de proporcionales magnitudes, es dato que cede su incuestionable relevancia a la no menos contundente realidad de la resistencia del sistema establecida por el ayatolá Homeini a todo atisbo de evolución hacia otros derroteros que los transitados hasta el presente. Ni aperturas estructurales por caminos de libertad, tanto social como política, ni renuncias a violaciones de la legalidad internacional tales como el incumplimiento del Tratado contra la proliferación nuclear, que veta igual en términos explícitos que implícitos prácticas como las que compendia el vigente programa de enriquecimiento de uranio por el rumbo que lleva a la próxima consecución de niveles críticos desde los que sería posible la obtención de su propio arsenal de ingenios nucleares. Un logro que alcanzaría relevancia estratégica probablemente inmediata desde el punto y hora de que dispone de misiles de alcance medio, suficientes para sus necesidades estratégicas dentro del Oriente Medio y el Mediterráneo.

Este asunto del enriquecimiento de uranio, tan claro enunciado militar, corresponde a la médula misma de su plan estratégico y diplomático, por lo cual no cabe avizorar impacto alguno de interés por el hecho de que haya prevalecido en las últimas urnas la única opción moderada entre las que concurrían. Las condicionantes de principio y las inercias de la política practicada en las dos últimas magistraturas correspondientes a los Gobiernos de Mahmud Ahmadineyad, hacen algo más que abundar en el escepticismo de que la política de Hassan Rohani pueda traducirse en cambios significativos en el corto y en le medio plazo. No hay más cera que aquella que ha venido ardiendo desde las dos últimas elecciones celebradas, especialmente desde la última de ellas, en la que la revalidación – tramposa de toda evidencia – del presidente Ahmadineyad, generó una oleada histórica de protestas a lo ancho del país. La República Islámica es lo que es y no valen prendas en contrario desde el débil testimonio de las urnas, pues al fin y al cabo el sistema de los ayatolás es la sabida autocracia teocrática en la que las consultas electorales no rebasan el rango de lo sólo ornamental y estrictamente periférico.

Un dato sobreviene para comprobar muy pronto la amplísima base en que se fundamenta el escepticismo ante la posibilidad de que estas elecciones hayan venido a ser la llave que abriera ventanas a la esperanza de que en Irán quepan ahora mismo esperanzas de cambio. Me refiero a la noticia de que el régimen de Teherán enviará en breve a Siria un primer contingente de cientos de combatientes, pertenecientes de la Guardia Revolucionaria, para apoyar a las fuerzas del régimen alauí en esta fase crítica de la guerra civil; un dato que cabe interpretar como respuesta iraní al anuncio norteamericano de apoyo militar a las fuerzas rebeldes.

Ni muecines pues ni tampoco campaneros, en fin, para saludar el triunfo de un moderado en las últimas elecciones iraníes. Es lo probable que todo cambio en la República Islámica llegue, si es que lo hace algún día, por otra vía que la de los votos.