El catalán, dictadura desde abajo

Cuando el nacionalismo que gobierna en la Generalidad de Cataluña habla por boca de Francess Homs, portavoz del Govern y Conseller de Presidencia, de un “mensaje contundente” contra la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Enseñanza) en lo que afecta a la LEC (“Llei de Educació Catalana”) – reguladora de la inmersión lingüística implantada en esa Autonomía por vía estatutaria, y recurrida ante el Tribunal Constitucional por el gobernante Partido Popular -, significa tanto como que ese nacionalismo se dispone a poner los pies en pared, y por supuesto que poco menos que a cantar – en catalán – aquello del ” no nos moverán” …

Anticipada ya tienen la copla, visto por dónde se pasaron la sentencia del Tribunal Superior de Cataluña contra la ilegalidad que supuso la plenaria inmersión lingüística en todos los niveles de la Enseñanza, con la autónoma aplicación de una reformas estatutarias que contravienen los límites constitucionales, como si la Generalidad no fuera una parte del Estado mismo, atenida a su misma Constitución y perteneciente a la misma Nación.

La “contundencia” a la que se refiere Homs concierne al mensaje que habría de emitir la asamblea de rabadanes que representan a la nómina de partidos nacionalistas con presencia en el Parlamento de Cataluña, constituidos en “cumbre” la tarde de este martes. Pero el derrote asambleario del nacionalismo catalán contra la LOMCE, en términos de avisada contundencia, no es propiamente y en su más amplio propósito contra la reforma educativa misma -que también – sino asimismo, sobre todo, para preservar el integrismo de la inmersión lingüística en el universo occitano. Ese mundo que limita al norte con el Loira y al sur bastante más abajo del río Alcanar, límite con la Comunidad Valenciana, exactamente con el Segura, por donde Miguel Hernández nació a sus versos en castellano.

No estaría de más que las mesnadas políticas del nacionalismo se asomaran para tomar nota al recuerdo de qué dejaron hacer las Cortes Constituyentes de la II República, a los catalanistas de máximos, con la Enseñanza respecto al castellano y el catalán cuando recibieron el Estatuto que les habían enviado desde Barcelona. Y no sólo para que repasaran las integrales idiomáticas de la II República sino, muy principalmente, las agresiones con que pagó el radicalismo catalanista la generosidad republicana, agrediendo con un golpe de Estado reiterado al régimen del 14 de Abril que habían pactado con los republicanos y algún que otro “monárquico sin rey”, en la tenida de San Sebastián, el 17 de agosto de 1930.

La hipótesis de que esta alborotada presión contra la reforma de la Enseñanza contenida en la LOMCE, pueda estarse esgrimiendo a cambio de ventajas en el desconcierto presupuestario de las Autonomías, de poco y para menos sirve. Es como el cara o cruz entre el “seny” y la “rauxa”, entre la sensatez y la locura. No pocos apenas conseguimos contemplar el espectáculo, deslumbrados ante tanto farol.