¿Un ilícito internacional?

Ha sido más que un gol encajado por la diplomacia española eso de que la UEFA haya admitido a Gibraltar como miembro de pleno derecho, puesto que no se trata ni de una nación ni tampoco de un Estado, de un ente internacional de soberanía. Pero no sólo eso. Concurre además la muy relevante circunstancia de que Gibraltar tiene, como problema para el mundo, su asiento en la Agenda de Descolonización de Naciones Unidas. Y al respecto, la doctrina jurídica de las NNUU y la legalidad internacional excluyen la posibilidad de que los pobladores actuales del Peñón, los llanitos, no constituyen un colectivo susceptible de ser considerado pueblo o nación, sujeto de derecho, pues el pueblo gibraltareño genuino fue expulsado por los británicos, teniéndose que asentar en el Campo de Gibraltar. Los súbditos británicos censados en el Peñón (que en número relevante viven en la Costa del Sol) no pueden considerarse conjunto nacional desde ningún punto de vista. Tampoco sujeto de Derecho Internacional.

Al propio tiempo, la doctrina de la ONU sobre la descolonización, en casos concretos como el planteado por España al reivindicar la soberanía del Peñón, establece de forma taxativa la preferencia del principio de integridad territorial (la nuestra) sobre el principio de autodeterminación de los llanitos, ocupantes cipayos de Londres. Lo cual significa que estas gentes, no constituyendo además como conjunto poblacional un sujeto de Derecho Internacional (pues son gente adventicia y subordinada al Imperio británico), carecen de toda base para ser destinatarios un día de la soberanía de la colonia, y en el presente, para concurrir como miembro de pleno derecho en el plano internacional del futbol al que la UEFA responde.

Estamos, por tanto, ante una ficción que no sólo carece de base jurídica sino que abre y fundamenta la sospecha de que se pretenda instrumentar una vez más, al servicio de la estrategia británica de enmascaramiento, la inaceptable realidad colonial de Gibraltar. Maquillando como pueblo a estos servidores – con derechos individuales que nadie discute. Lo hecho por la UEFA es una estafa y un engaño para la opinión internacional, y una derrota procesal para la diplomacia española, que ha sido incapaz de evitarla.