Caza del soldado en casa

Cuatro días después del degüello en Londres de un soldado británico, veterano de las campañas en Irak y Afganistán, a manos de jóvenes de origen nigeriano conversos al Islam, sucede en París otro ataque, esta vez a un militar francés, efectuado por un individuo joven de talla aventajada y aspecto norteafricano, barbado e indumentaria de ritual entre los arabófonos seguidores o simpatizantes de la “yihad”. El agresor no ha sido hallado aun, pero no es improbable que se le encuentre. La barba se la podrá rasurar y el tocado guardar, pero no esconder la talla cortándose los pies…

Han saltado las alarmas, como no podía ser de otra manera, incluida la declaración del presidente Hollande. La correlación entre las dos agresiones es patente, lo mismo que su más que probable nexo causal: respuesta puntual del salafismo yihadista. Se habría sumado al crimen de Londres, con sus manifestadas motivaciones, la protesta salafista en París por la actuación militar directa de Francia para el rescate de Malí, y por la intervención en Níger contra el ataque terrorista a las instalaciones de la de la mina de uranio que abastece las necesidades del parque nuclear francés. Coincidiendo este intento de degüello, además, con el fin de la campaña maliense de rescate militar.

Una empresa, esta de Mali, que ha conjurado la muy alta probabilidad de que tal excolonia gala se convirtiera, en el extremo occidental del Sahel, en otro Estado fallido, geográficamente simétrico al de la desventurada Somalia: cabeza de playa del terrorismo islámico en el continente africano y base de apoyo para la piratería en el Océano Índico. Actividad afluente de recursos económicos, junto a los secuestros en el Sahel y al narcotráfico de la heroína de Afganistán, que sostienen el terrorismo islámico en el ámbito occidental, tanto en Europa como en Estados Unidos.

Pero hay más ventanas panorámicas abiertas por estos dos atentados terroristas de París y Londres desde las que asomarse a la panorámica del terrorismo islámico que amenaza la retaguardia civil del mundo occidental. Una de ellas, a la que ya me he referido comentando la referencia del Premier Cameron a la “traición al Islam” que habría supuesto el degüello londinense al soldado, es la parasitación del mundo coránico instalado en las sociedades occidentales por la violencia y el terrorismo. Otra ventana, la abierta por el atentado de París, es la que invita a la consideración de que ambos sucesos pudieran ser el inicio de una nueva estrategia del terrorismo de base musulmana: la de abrir en la retaguardia civil de las naciones occidentales un frente de violencia puntualmente aplicada a los soldados que han regresado de sus misiones o que esperan partir hacia otras nuevas.