Beber para no ahogarse

Ayer fue un día en que votaron globalmente los mercados. Lo hicieron resolviendo sobre la preferencia temática de un ahora mismo -que en puridad no se sabe hasta dónde llega- para el asunto de los estímulos a la economía respecto del problema objeto del Consejo Europeo: la acción concertada de los Gobiernos de la Unión Europea contra los paraísos fiscales. Un tema sobre el que en el conjunto de los 27 disuenan Austria y Luxemburgo, cuyos respectivos responsables entraron en la reunión en charla amigable y desglosada del resto de los participantes.

Cuando aún estaba presente y resonaba, la andanada del Bundesbank contra la línea seguida por Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE) por su intervención en la compra de bonos -acogiéndose la institución alemana a la invocación de la estabilidad monetaria y al fantasma de la inflación de los precios en la República de Weimar-, el presidente de la Reserva Federal norteamericana, Ben Bernanke, en su comparecencia ante el Congreso de Washington, rompía una lanza en defensa de la moderación operativa para gestionar el equilibrio del sistema en coyunturas recesivas como la actual. Cuando se trata de estimular el crecimiento y, al propio tiempo, no deslizarse por la inflación. Por más que no sea el riesgo de ésta el fantasma que acecha al lado del camino, sino el de la implosión económica y la explosión social.

Emitiendo en parecida longitud de onda con la que opera la autoridad monetaria de Japón -que ha roto un continuismo deflacionario prolongado durante más de una década-, al igual que lo asimismo practicado en este último ciclo por Mario Draghi, el presidente del BCE, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke ha lanzado un aviso a navegantes advirtiendo de los riesgos que conllevaría la retirada prematura de los estímulos aplicados  hasta el momento; e insistiendo en la conveniencia de las compra de bonos para la expansión de la actividad económica y el consiguiente crecimiento del empleo. No parecían los mercados esperar otra cosa, visto el modo cómo tan pragmática consideración de la autoridad monetaria estadounidense, se ha traducido en viento sobre las velas de los índices de las Bolsas.

Tan importante como las consideraciones de principio hechas por el presidente de la Reserva Federal ha sido la precisión de que la compra de bonos por la Reserva  continuará hasta que el nivel de empleo en Estados Unidos mejore “substancialmente”; lo mismo que la observación, por lo demás obvia, de que se continuará con la aplicación de este instrumento regulador; es decir, con la decisión de modular la compra de bonos en función de las coyunturas, subiendo o bajando el ritmo de la misma.

Visto el panorama económico y social de la UE, con la recesión y el desempleo pulsando de forma tan dramática en su parte meridional, hubiera sido lo más prudente y razonable que el asunto estrella en la agenda del Consejo Europeo, hubiera sido tanto como el mismo que ha llevado a Bernanke hasta el Congreso de Washington. Pero, a lo que se ve, el “diktat” merkeliano, como no podía ser de otra forma, llega hasta la confección de la agenda del Consejo. Sin reparar en que hay que beber y modular la resaca antiinflacionaria para no ahogarse de sed.