Más que sólo grietas en el chavismo

Pesan tanto en estas horas de Venezuela las ausencias informativas sobre el curso real de las tensiones políticas en la estructura interna del chavismo, derivadas de la precariedad con que se ha sustanciado en lo formal el proceso sucesorio – especialmente por las contradicciones y precipitaciones en que incurrió el oficialismo, desde la precipitada proclamación de Nicolás Maduro como presidente por parte de la autoridad electoral, antes de que se auditaran los resultados registrados en las urnas, comprobación a la que éste se había comprometido con su antagonista Henrique Capriles; o el hecho mismo de que fueran halladas en un monte grandes cantidades de urnas llenas de sufragios y precintadas -; pesan tanto estas evidencias, tal como digo, como las debatidas versiones que ahora se afloran, desde parlamentarios de la Oposición, que demostrarían la injerencia del régimen cubano en importantísimos asuntos internos de Venezuela, tales como los correspondientes a los servicios secretos del Estado y a los entresijos del sistema chavista, escindido, conforme lo que ahora se pone de manifiesto, entre una facción representada por el proclamado presidente Maduro, a la que apoyaría el castrismo cubano por su mayor manejabilidad, y otra ala del sistema, encabezada por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, que además de representar la mayoría parlamentaria, aparece también inserto en las afinidades corporativas del estamento castrense, al que podría corresponder una estructura paralela de Inteligencia militar capaz de contraponerse, desde un nacionalismo suficiente y muy probable, a las instrucciones cursadas desde La Habana para hacerse con los espacios claves del régimen y, desde ello mismo, con el control político del país.

Se dan cumplidas en Venezuela las condiciones para que el conflicto interno eclosione, más allá de que las bases generales del abierto problema sucesorio estén sentadas ya, como en los casos que sobreviene un cambio dentro de sistemas sesgados de fuerza y talante totalitario. Como pudo ser, por ejemplo, lo sucedido en la Alemania de preguerra cuando dentro del nazismo, las SS eliminaron a las SA. Para el sistema comunista cubano la prevalencia de Maduro, más verde que el trigo verde, y por tanto más manejable, es opción manifiestamente, casi dramáticamente clara. La pensión petrolera que Hugo Chávez estableció para la insostenible economía cubana, y por ende para el régimen comunista establecido en la isla desde hace medio siglo, es dato cuya continuidad parece mucho más asegurada con Nicolás Maduro en la presidencia de Venezuela que con la figura de Diosdado Cabello, en tanto que éste expresa una alternativa apoyada en la estructura militar, más capacitada para las respuestas extremas si la injerencia cubana insistiera en acercarse o incluso traspasar líneas rojas de la soberanía y la independencia nacionales del país.

No debe pasarse por alto, en este sentido, que la caída de rendimientos y de estabilidad de la economía venezolana podría, en un determinado momento, forzar la reducción o incluso el fin de los envíos de petróleo a La Habana. Ello abriría un escenario complicado en la interpenetración política y las enteras relaciones de régimen que existen entre los dos países. Dentro de un paisaje así es lo propio que sean algo más que grietas los síntomas que aparecen ya en los cimientos y las fachadas del chavismo.