Ilegítimo e inadecuado

Una obviedad de partida: no es lo más importante para España qué diga o deje de decir el sacristán delegado de los hermanos Castro en Caracas. Lo más importante a ojos del mundo es el saqueo castro-chavista de las elecciones venezolanas del 14 de Abril. Ese es el problema. La presidencia proclamada de Nicolás Maduro es a estas horas magistratura cuestionada, discutida, objetada por la comunidad internacional, tal y conforme se van conociendo las particularidades del enorme pucherazo perpetrado al más puro estilo de la dictadura teocrática y revolucionaria de la República de Irán. Tan sintónica con el chavismo.

Nada ha podido escocer más al sistema de imposición castrista repreentado por Nicolás Maduro que la interlocución Madrid-Washington, en el contexto de la OEA (Organización de Estados Americanos), sobre tan enorme suceso de falsificación política habido en las urnas venezolanas. Un asunto este que no ha hecho más que enunciarse y al que espera el turno de debate en el seno del organización interamericana. Un ámbito éste donde promete alcanzar su punto crítico.

A estas horas, el enorme suceso de falsificación electoral venezolana tiene el cumplido rango de un debate continental. Es tema del todo relevante para el inmediato futuro – dicho sea a lo Tocqueville – de la democracia en América; aunque en esta ocasión lo que se debate como riesgo no sea el irrespeto de la minorías, sino el secuestro de la voluntad de las mayorías por la acción revolucionaria de un minoritario marxismo-leninismo instalado simultáneamente en Caracas y en La Habana.

Parece llegado el momento de preguntarse si el castro-chavismo rotulado como “Socialismo del Siglo XXI” va a conseguir con la trampa electoral de Venezuela aquello que a principios de la década de los años 70 no consiguió con el cambalache populista de la Unidad Popular chilena de Salvador Allende, ni con la guerrilla de Colombia que aun colea autofinanciada largamente con el narcotráfico que ha infectado la oligarquía militar chavista, o con cualquiera de los escenarios de la guerrilla comunista durante el demorado ciclo histórico de la Guerra fría.

El altísimo voltaje que está presente en estos momentos bajo los insostenibles fundamentos de la presidencia de Nicolás Maduro, no es, ciertamente, una carga que se vaya despachar con matices de arriero como los empleados por Maduro, para rechazar la oferta de mediación española entre la crispación oficialista y las posiciones de la Oposición que exige niveles mínimos de verificación de los procedimientos habidos el día 14 del pasado mes; procedimientos que no conciernen sólo a los conteos de los votos emitidos, sino también a las violaciones de la confidencialidad sobre la evolución de los sufragios durante la jornada que se vinieron a operar desde el control informático de los procesos a manos de los técnicos cubanos que, a estas alturas de su infiltración en todos los órdenes de las redes, cabe decir que tienen a Venezuela sometida a una fiscalización absoluta. Señalan medios venezolanos de la Oposición al castro-chavismo que 100.000 barriles de petróleo al días dan para exigirle al régimen policíaco de La Habana servicios tan vitales como este para la propia recíproca supervivencia.