Maduro madura con Fidel

Curso de maduración acelerada -de sólo cinco horas- para Nicolás Maduro en La Habana. Cinco horas para un mano a mano con Fidel. Aunque la didáctica principió antes: en el aeropuerto no le recibió Raúl, el presidente de los Castro, tal como sería de protocolario rigor, sino el ministro cubano de Asuntos Exteriores. Como si el presidente de Venezuela fuera de entidad subalterna en la jerarquía interna del castro-chavismo. Un becario distinguido en la práctica del totalitarismo comunista debe comenzarla, a lo que se ve, asumiendo el principio de subordinación al caudillaje histórico del Estafador de Sierra Maestra.

Fidel continúa en el mismo afán de la estafa, el fraude y el engaño. Topó un día con el pardillo “bolivariano” y dio con el truco que, mal que bien, mantiene económicamente a flote el sistema comunista cubano: 100.000 barriles diarios de petróleo por un servicio médico-sanitario de 45.000 titulados (cuya respectiva proporción no se precisa, como tampoco se hace sobre el rango profesional efectivo de los galenos en cuestión), junto a educadores, catequistas ideológicos, monitores deportivos y asesores en las más diversas materias postuladas por la economía de la revolución bolivariana o Socialismo del Siglo XXI…

Y así, mientras la economía de Venezuela se debate entre las dentelladas de una inflación por encima del 40 por ciento, desciende la capacidad productiva de los yacimientos petrolíferos y el “servicio del prestigio internacional” se mantiene con otros estipendios que los destinados a Cuba como si nada pasara, el coste de la vida se dispara en términos progresivamente insoportable para las grandes mayorías de la población por la “insolidaridad y el egoísmo de la burguesía…” Impasible el ademán, Maduro, luego de suscribir con Raúl Castro más de 50 acuerdos de cooperación, en el marco de XIII Reunión Intergubernamental, ha afirmado que “Cuba y Venezuela vamos a continuar juntos, trabajando. Vinimos a ratificar una alianza estratégica, histórica, que trasciende los tiempos (…) que más que alianza es hermandad”. Por retórica que no falte, y por estulticia fanática tampoco.

El proceso cubano de abducción o separación de Venezuela de su propio ser libre, para resolverlo o disolverlo en su propia entidad identidad alternativa y en su mismo sistema castrista de gobierno, ha venido a relanzarse con la proclamación sin garantía alguna de legitimidad electoral y democrática en el escrutinio de las urnas del 14 de abril; desdiciéndose Nicolás Maduro de su público compromiso de auditoria con Henrique Capriles, el candidato opositor – acuerdo que le permitió ganar el consenso en la Cumbre limeña de UNSUR -. Como cupo algo más que presumir o sobrentender a resultas de la presión de La Habana para que el CNE proclamara de inmediato presidente al fantasmón que Hugo Chávez había designado como sucesor suyo.

Pero ha sido y es el rabo por desollar en este extremo la negativa de la Administración norteamericana a reconocer la legitimidad del desenlace electoral habido en Venezuela. El debate está abierto mal que le pese al régimen chavista. Aunque nada se haya dicho hasta ahora, la OEA (Organización de Estados Americanos) es el foro regional del Nuevo Mundo el que espera su convocatoria para debatir el enorme problema que se ha abierto con las urnas venezolanas, especialmente cuando el régimen continúa echando leña al fuego, al advertir Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, a los diputados de la Oposición que no cobrarán sus emolumentos si no reconocen a Nicolás Maduro como presidente.

La pasada crisis institucional hondureña originada en 2009 por la destitución del presidente Manuel Zelaya a causa de su complicidad política con Hugo Chávez – a cuya cuadra ideológica se quiso incorporar optando a una reelección prohibida por la Ley Fundamental del propio país – fue una historia en la que destacaron junto a la vehemencia del difunto Chávez, la fogosidad “zelayista” de Nicolás Maduro, entonces ministro venezolano de Asuntos Exteriores, y la labor de zapa en pro de ese mismo enfoque desarrollada por el chileno José Miguel Insulza, entonces y todavía ahora secretario general de la Organización regional interamericana. Aquella complicidad manifiesta del chileno promete lo suyo ahora para el momento, a no tardar, en que se aborde en ese foro el debate sobre la continuidad del chavismo. El sainete venezolano podría acabar en tragedia.