Explosivo enredo en Venezuela

Se destapa una clave poco menos que hemisférica sobre el explosivo enredo sobre el que reposa la convivencia venezolana. Resulta ahora que la segunda rectificación del régimen chavista ante la exigencia de la Oposición de que se revisaran los resultados electorales (la primera había sido la marcha atrás en la aceptación de Nicolás Maduro de que se verificara el primer escrutinio de los votos) se vino a producir durante la reunión de UNASUR habida en Lima con la asistencia de los presidentes de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile y el proclamado de Venezuela, ante la presión mayoritaria de Colombia, Perú y Chile frente a la postura de Argentina y Bolivia, que endosaban la sabida tesis de la Comisión Nacional Electoral venezolana, consistente en considerar que el desenlace de la consulta era ya cuestión zanjada y sin marcha atrás.

Fue un regate más del chavismo para capear, en términos regionales, el temporal del escándalo habido en las urnas, especialmente con las sustraídas al balance de los resultados que deparó el 14 de abril, abandonadas luego en el espacio provincial de Barinas: especialmente seguro para el régimen, desde el punto de que un hermano del difunto Hugo Chávez es el gobernador de ese Departamento. La posterior fotografía de Nicolás Maduro a su regreso a Caracas, en su visita a la tumba de Hugo Chávez para acompañar a Raúl Castro, ilustra con cumplida puntualidad la asistencia táctica, la monitorización cubana, del enredo electoral venezolano con el que se está sustanciando la maniobra de perpetuación en el poder del régimen chavista como consolidada brotación simbiótica del castrismo.

El galimatías conceptual sobre los términos revisión, auditoria y escrutinio electoral, que han organizado Tibisay Lucena, la presidenta del CNE (Consejo Nacional Electoral), y Sandra Oblitas, vicepresidenta de la República, nombrada por ese ex conductor de autobuses, y sobrevenido líder de masas, además de fino constitucionalista, Nicolás Maduro, está dando por sentado que el pucherazo bolivariano ya no tiene marcha atrás. Y que, en consecuencia, está servido el lío y sembrada la discordia en Venezuela conforme términos de gravedad no avizorable de momento.

Y para que nada falte, se estima que la inflación ronda ya el 40 por ciento, mientras la caída de la producción petrolera no deja de profundizarse por la ineficiencia de los sistemas alternativos de gestión introducidos por el régimen, en tanto las aportaciones agropecuarias e industriales del país continúan su caída en términos desconocidos hasta ahora. Todo lo cual viene y se reconduce, en los términos más preocupantes, a sombrías conclusiones sobre la sostenibilidad del bolivarismo en su segunda fase: la del chavismo sin Chávez. Lo que no carece de solidez es el camino hacia establecimiento pleno del modelo dictatorial del marxismo leninismo. Es decir, el de la dictadura sin elecciones. Vigente en Cuba desde 1960.