Sólo USA toma en serio la escalada

La denuncia norcoreana del Acuerdo de Armisticio de 1953, con el que se detuvo las hostilidades comenzadas tres años antes en la Península del nordeste asiático, es una progresión formal en la retórica belicista por la que se desliza -por cotas más altas de las convencionales- el régimen tardocomunista de Pyongyang,  ha sido tomada en cuenta explícitamente por la Administración norteamericana, tal como expresan las propias declaraciones desde la sede presidencial en Washington como la propia información de la secretaría de Defensa sobre la activación de las alertas en la costa del Pacífico.

Como contrapunto en el modo de acoger la escalada no sólo tonal sino de contenido formal en el discurso belicista del régimen norcoreano, el Gobierno surcoreano anuncia que  en este mes  seguirán las maniobras militares conjuntas actuales con los Estados Unidos -las “Key Resolve”- y  a continuación manifiesta no reconocer un cambio cierto en la realidad de los propósitos cursantes al norte del Paralelo 38 ni tampoco en las intenciones propias.

Pero el hecho de que los aliados  opten por poner una u otra cara dentro de este presente, menos diario que casi horario, es algo que formaría parte de la respuestas que éstos, los aliados, entienden más convenientes para su estrategia. Posiblemente es una manera de desorientar a los gobernantes norcoreanos sobre el impacto que causan sus evoluciones verbales y sus inflexiones en la retórica belicista. Un discurso que podría pretender, según algunos analistas, que la comunidad internacional dé marcha atrás en sus sanciones y se abra a una nueva tanda de encuentros negociadores; algo que, por otra parte, es la alternativa que más convendría tanto a  Pekín como a Moscú, a los que el muchacho de Pyongyang pone en un verdadero brete, pues la marquesa de la globalización y su nuevo tipo de relaciones internacionales no están para este género de tafetanes.

No sería exageración, en este sentido, decir que aquello que se ha comenzado con la afirmación norcoreana de que regresa al estado de guerra con el Sur tras la denuncia del Acuerdo de Armisticio, supone tanto como la apertura de un segundo acto escénico para las tensiones  dentro de aquella parte de Asia. La Rusia de Putín, que tampoco quiere líos, ha elegido también su papel pacificador al pedir a las partes moderación y prudencia… Japón, por su parte, no ha añadido nada  nuevo a su sabido estado de alerta, poco menos que total, desde que se inició esta etapa de retórica belicista en Pyongyang después de las últimas sanciones impuestas por el Consejo de seguridad de la ONU.

El hecho de que China no interpusiera su veto suponía el principio expreso de una actitud nueva ante su protegida dictadura norcoreana. Ello no obsta a que se espere ahora mismo un gesto específico de Pekín ante la última crecida tonal del régimen norcoreano. Pero junto a estas diferenciadas actitudes de unos y otros, son de advertir interpretaciones que llevan al entendimiento de que lo buscado por los dirigentes de Pyongyang con esta escalada, es forzar la apertura de un nuevo ciclo de negociación que permitiera al régimen rebajar el grado asfixiante a que le ha llevado el  compacto aislamiento político y económico en que se encuentra como precio por su acumulación de poder atómico y misilístico.