El holandés errado

La condición sistémica, a la vez que singular y específica, del problema planteado al rescate financiero de Chipre, ha tenido entre otras virtualidades la de poner de manifiesto el ínfimo nivel político del nuevo presidente del Eurogrupo – el impronunciable señor Dijsselbloen -, cando se ha pasado de rosca en su comentario extrapolador del significado y alcance de la fórmula aplicada al Gobierno de Nicosia. Y lo ha hecho diciendo que ésta vía sería aplicable a otras naciones del Eurogrupo; con lo cual, ocasionó que la subsiguiente alegría de los mercados desatada por la noticia del rescate, se esfumara de seguido ahogando de números rojos los índices de las Bolsas y volviendo a disparar la primas de riesgo.

Pero no fue esa generalizadora desestabilización la única perla aflorada a la superficie de los medios periodísticos y políticos por este inopinado sacristán del merkelismo para quien, según imágenes fotográficas aparecidas en la Prensa, está la canciller de Berlín tejiendo una bufanda de lana ante el frío severísimo propio de esta tardía invernada, que azota a los disciplinados países cumplidores de las consignas de Berlín, cantadas un día sí el otro también por el dúo que forman doña Angela y su ministro de Finanzas Wolfgang Schaüble. La fría y presumible sequedad calvinista del Impronunciable, quien atiende ya por el mote de El Holandés Errado, fue advertida, en el primer recetario aquel trallazo de inmisericorde espontaneidad significado por la inclusión de los depósitos bancarios inferiores a los 100.000 euros en el ámbito de la requisa requerida como condición para que se acordara el rescate del paraíso fiscal y lavadora tan asiduamente utilizada por las evasoras tramas rusas de capitales.

¿Qué significado tiene la rebrotación holandesa de la rigidez alemana en su teología de la estabilidad y la cruzada permanente contra la inflación? ¿Significa acaso la cristalización consolidadora de las Marcas tudescas dentro del cuasi-federal orden de la Unión Europea? Si no lo es sí lo parece al menos. Lo cual no es nada bueno dentro de un espacio geo-histórico del que, hasta hace sólo unos días, se esperaba otra cosa. Bien está el criterio de que los agentes económicos privados que hacen apuestas al por mayor en el mercado y desde los Bancos sean los paganos de las quitas cuando sobrevienen crisis, tal como ahora se ha hecho en el caso de Chipre, pues un riesgo privado debe ser cubierto a expensas de recursos de su misma privada condición, y no desde fondos de los contribuyentes. Es algo de elemental justicia.

Pero hay más. ¿Quién y cómo responde dentro de la UE por lo que fue la deriva chipriota hacia su “institucionalización” dentro de la Eurozona como paraíso fiscal y lavadero- al parecer principalísimo- del dinero negro generado en la oceánica marea de las mafias rusas? El asunto tenía enjundia bastante como para que Bruselas, previamente, hubiera desarrollado cerca de Moscú una política para la clarificación. Se habría evitado, entre otras cosas, que el Primer ministro ruso dijera, al referirse a la receta aplicada para el rescate de Chipre, que creía que “siguen robando lo robado”. ¿Robado a quién? Hay en todo esto otros yerros que los del holandés de impronunciable nombre y su mentora.