Chipre: más que el otro “oro de Moscú”

No había ni hay razones naturales para que Chipre pidiera socorro a Rusia para hacer frente a las tajantes condiciones impuestas para hacer frente al rescate europeo; pero si las hay históricas para que Michael Harris, el ministro de Finanzas chipriotas llegara a Moscú dos días antes de que se celebrara, a partir de ayer, la conferencia cumbre entre la Unión Europea y Rusia. La existencia de razones históricas ha puesto más en evidencia aun el cuadro carencial de que adolece la gestión de la comisionada de la UE para la Política Exterior. ¡Cuánto se echa en falta la labor de Javier Solana!

Había acontecido la estólida decisión del Eurogrupo sobre la tasa de los depósitos bancarios en Chipre inferiores a los 100.000 euros sin haberse considerado de la correspondiente manera el dato de que el 42 por ciento de la cuantía de tales depósitos supera los 500.000 euros, y en términos muy significativos también que los titulares de tales consignaciones bancarias son ciudadanos rusos. Pero, acaso sobre todo lo demás, se había pasado por alto el dato, histórico, de que desde el zar Pedro el Grande, el alcanzar establemente las para ellos “aguas calientes”, las de latitudes inferiores al Mar Negro, se convirtió en una constante histórica para la geopolítica rusa.

Desde el césar aquel – que formó la base empírica de sus intuiciones de estadista trabajando de incógnito, en su juventud, por los astilleros alemanes de Hamburgo y otros menesteres – hasta José Stalin y quienes le sucedieron hasta la caída del Muro de Berlín, el mundo mediterráneo entre el Bósforo y Gibraltar ha sido tanto como El Dorado de los sueños imperiales rusos. El Mare Nostrum es el vaso, el recipiente, en el que reposa, flotando, el blando vientre de Europa. Perdida con Yugoslavia – ya en tiempos de Tito – la disponibilidad de toda base en la costa adriática que no fuera la albanesa, desalojados los rusos de su implantación en el Egipto naseriano tras de la negativa norteamericana a financiar la presa de Assuan, fracasada por inconsolidable la penetración en la Libia de Gadafi, esfumada la influencia en la Argelia posterior a Bumedian y al Túnez de Burguiba, sólo le restaba a Rusia en el Mediterráneo el asiento apenas sostenible en las bases navales de Tartus y Lataquia con su ya crítica implantación en Siria … Al cabo de todo eso, Chipre es para la Rusia de Putin algo más que un fóndaco medieval y que una alhóndiga en la Eurozona.

Dada la naturaleza sistémica del problema creado por el rechazo de Nicosia a los términos del rescate, y a sus efectos serían potencialmente devastadores por esa misma naturaleza y condición del envite chipriota, parece que lo más razonable sería esperar una respuesta positiva a corto plazo derivada del encuentro de Durao Barroso en Moscú con el Primer ministro ruso Medvédev. Posiblemente la llave del problema la tenga Putin, pero el coste geopolítico de la solución tendrá un recorrido de más largo plazo y será, para la UE y especialmente para Alemania, del porte y el importe del que cobran los cerrajeros cuando se les convoca de urgencia.