El desvarío de DIPLOCAT

Es el colmo de la necedad soberanista y de la provocación al sentir general de todos los españoles. Con dineros aportados por los contribuyentes a los gastos del Estado y distribuidos por éste entre las Comunidades Autónomas, la de Cataluña, en su remedo del Servicio Exterior del propio Estado, ha intentado identificar por medio de su CAT a agentes del CNI (Centro Nacional de Inteligencia) en el extranjero. O sea, que desde su sentimiento y su propósito de conseguir lo que no son (ni Nación ni Estado) se aplican a labores a cuenta para el día que lo pudieran ser, asignándole prioridad a menesteres de Contrainteligencia aplicados a los Servicios de que dispone España en el exterior. Aunque también, añadidamente, a la actividad desplegada por éstos en Cataluña.

Como es sabido, esta cuestión se ha venido a suscitar por las declaraciones en el Congreso de los Diputados por el director del CNI, Félix Sanz Roldán, en la Comisión de Fondos Reservados, en las que afirmó que la Generalidad de Cataluña había tratado averiguar quiénes eran tales agentes. Parece resultar, por tanto, que mientras desde Barcelona se emiten por la Generalidat señales de humo configuradoras de una voluntad política de diálogo con Madrid, el oneroso tenderete remedador de un inicial Departamento catalán de Exteriores se aplica a tareas que estarían en la antesala de responsabilidades penales contra la seguridad exterior del Estado español.

La cosa tiene su maldita gracia añadida por el hecho de que Antoni Duran i Lleida, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores en el Parlamento español, y estrella rutilante en el funambulismo de la ambigüedad, actuó en la actuación parlamentaria como replicante a las informaciones aportadas por el Director del CNI – negándolas – en su comparecencia a puerta cerrada sobre el intento de “marcaje” a miembros del Centro Nacional de Inteligencia, al negar que fuera cierto lo revelado por Sanz Roldán. Y entretanto, desde la propia Generalidad catalana y por boca de su actual Consejero de Interior, Ramón Espadaler, asumía un turno de descalificación de las versiones del responsable del CNI, tildándolas de “esperpénticas”, e insistiendo al paso, volviendo la oración por pasiva, en que desde que este Govern destapó la olla del soberanismo ha aumentado sensiblemente el número de agentes del CNI desplazados a Cataluña. Haciendo el Conseller oídos sordos a la explicación de Sanz Roldán de que ello era debido al presumido incremento de la actividad de las células terroristas que operan en el Principado.

Quizá la consideración que merecen los hechos revelados en régimen restringido y en términos de confidencialidad, aunque aflorados en los medios inmediatamente, es la de que el DIPLOCAT a estas alturas, resulta menos que un problema de gastos ilegítimos del dinero de los contribuyentes, una prueba más de que esta Generalidad de CiU, secuestro/potenciada por ERC, se radicaliza en su rumbo separatista en la propia medida que se destapa la corrupción en su nómina más significativa. Con lo cual, ya no sería sólo el tapar con el soberanismo el fracaso de la gestión política y económica de la Generalidad, sino también el empleo a todo trapo del soberanismo para desviar la atención de la gente del descrédito moral por parte del patriciado nacionalista. El desvarío del DIPLOCAT pudiera no serlo tanto como parece; pero la desafección a España es una lamentable cosa y las bromas contra la seguridad nacional rozan la frontera de la traición. Así de claro.