La historia como letrina

Desde una sabida y muy concreta Argentina, tardaron justo lo necesario, o sea nada, en lanzar como salutación la insidia mendaz, injuriosa, sobre el nuevo Papa que trae tanto de Papa nuevo en las maneras y los propósitos de cambios y esperanzas. Desde la moral bacteriana del kirchnerismo, convirtiendo en lucro de régimen la fermentación inducida y conducida, parcial y retorcida de la memoria histórica de lo que fue la crónica de una inmisericordemente abortada revolución de las izquierdas y de una parte del peronismo contra las demás fracciones del justicialismo y del entero pueblo argentino.

Al papa Francisco se le ha querido embarrar con versiones de pasividad culposa, como tirando a complicidad con la dictadura militar traída al poder por el Parlamento democráticamente elegido para que acabaran con el régimen de exacción terrorista a la que la guerrilla tenía sometida a la nación argentina, alternativamente en el campo y en la ciudad. Recuerdo que en Sao Paulo, allá por 1974, cuando se celebraba la Feria de Anhenbi, el entonces ministro argentino de Obras Públicas, de visita en el recinto ferial, me contaba que lo recaudado el año anterior con atracos y secuestros por el bandidaje terrorista, superaba con creces el presupuesto de su ministerio…

La Guerra Fría, que nunca fue caliente en Europa, ardió pródiga en conflictos por África, Asia y América, tanto con las guerrillas comunistas por Centro y Suramérica, apoyándose en la cabeza de playa del castrismo cubano, como en el Cono Sur del Continente. Ámbito este en el que el primer capítulo fue la deriva revolucionaria chilena de la Unidad Popular, gobernando contra el derecho y haciendo caso omiso a la Controlaría de la República, hasta que sobrevino el golpe por la mano de Pinochet cuando, según versiones, la Inteligencia militar conoció que el presidente Allende estaba a punto de ejecutar el suyo propio. Lo de Argentina y lo de Uruguay vendría después, hasta coronar no ciertamente de nieve el entero Cono Sur iberoamericano.

Luego hubo otros episodios revolucionarios, como el de El Salvador, guerrillas como la de Venezuela y esta, aun coleando, de Colombia, donde las Farc, desleídas en su industria del narcotráfico, se han avenido a negociar el alto el fuego tras fracasar políticamente el capotazo que Hugo Chávez quiso darle desde Caracas, porque Washington le dio el suyo a Bogotá y aportó las bases operativas con infraestructura militar, servicios de información y Acuerdo de Libre Comercio.

A lo largo de todo ese friso histórico y en el seno de cada capítulo ha estado presente el variado protagonismo, desde el alineamiento a la conciliación, de los Padres jesuitas. En El Salvador, la presencia de la S.J. fue sonada en términos de involucración y remate en martirologio. Históricamente, su capital de testimonio como hombres entre los hombres para difundir el Evangelio ha ido parejo con el esfuerzo para actualizar el propio Mensaje con riesgos ciertos de heterodoxia, como el de la Teología de la Liberación frente al alternativo del quietismo inmovilista contra el que se ha apresurado a definir el nuevo papa.

Sobre ese fondo de certeza histórica y al hilo de la trascendente actualidad del cambio habido en la Santa Sede, ha sido desde los ámbitos del kirchnerismo gobernante en Argentina, genéticamente vinculado a la movida revolucionaria que ocasionó la dictadura militar y las crueldades sin cuento que siempre acompañan a las guerras civiles, de donde han surgido las injurias sobre supuestas responsabilidades por omisión de Francisco frente a los atropellos de los derechos humanos por parte de la dictadura militar.

En realidad, el que fuera Arzobispo de Buenos Aires ni hizo no dejó de hacer nada que debiera haber hecho en aquel tiempo de sangre. Tampoco después cuando el kirchnerismo sigue instalado en la Casa Rosada y ha querido, en tiempo reciente, implantar una fiscalidad confiscatoria sobre el campo argentino. Acaso para ampliar la base de su cleptocracia. La insidia contra el Papa le caerá al kirchnerismo sobre la frente en las elecciones. De tiempo en tiempo la Historia limpia sus letrinas.