Pacto charnego, mar de mucho fondo

El aviso catalano-socialista a la ex ministra de Defensa Carmen Chacón de que no volverá tener candidatura a escaño si no asume el derecho a decidir contra la integridad histórica de la unidad de España, expresa como en el titular de esta nota se dice, la mar de mucho fondo que tensa y agita en estos momentos las relaciones entre las dos siglas herederas del legado de Pablo Iglesias. La cuestión de “restablecer un nuevo marco de relaciones”, según explicaba ayer la vicesecretaria general Elena Valenciano, resulta de una crisis sistémica.

Aceptar por parte de Ferraz que el Partido Socialista de Cataluña tenga voz y voto en la Ejecutiva federal, en tanto que el Partido Socialista Obrero Español carece de toda presencia o capacidad de influir y pesar en el mensaje y el discurso de los socialistas catalanes, sería tanto como admitir que el PSOE deba por principio transigir y renunciar a la unidad de España como condición y precio de cosechar votos socialistas en Cataluña. Si es que aspira al Gobierno de todos los españoles, cada vez que se convocan Elecciones Generales a Cortes. Una pretensión de este calado es tanto como la ley del embudo expresada como apéndice al llamado Pacto del Tinell.

Aquella bellaquería separatista del Tripartito (que el inefable Artur Mas quiso que se documentara con asistencia notarial, parecidamente a como el último tesorero del PP ha recurrido para presentar sus cuentas al juez) con la que se quiso marginar y excluir, confinándolo en el Aventino, al Partido Popular – en tanto que representación práctica entonces del centroderecha español en Cataluña -, era maniobra de la misma naturaleza e idéntica finalidad, en lo que se refiere a la discriminación contra el españolismo integrador, que la situación creada por la votación en el Congreso del derecho a decir” sobre la propia forma de relación por la que se rigen el PSC y el PSOE como componentes del Grupo Socialista en las Cortes.

Recordado lo del Pacto del Tinell se advierte que en el fondo del pleito ahora abierto entre las dos alas del bloque parlamentario socialista, lo que late es la misma insidia nacionalista de entonces, aunque instrumentada ahora de distinta manera. Denominable pacto charnego de los nacionalistas con los socialistas. La insidia de Mas – probablemente alentada por Jonqueras -, que de momento ha conseguido montar al PSC en el carro nacionalista del “derecho a decidir, es de un enorme y diabólico calado, puesto que de prevalecer conforme los términos del pleito planteado ahora, significaría tanto como que al socialismo de Ferraz el nacionalismo catalanista le habría robado la cartera con la entera documentación de su integral legitimidad política española.

Dice Pérez Rubalcaba, ante la reunión que las dos partes tendrán el próximo lunes, “Vamos a aclarar las reglas, porque no están claras, porque hay cierta asimetría”. En verdad no hay “cierta asimetría”, como dice el Secretario General del PSOE, sino una asimetría cierta. Aunque pueda parecerlo no es lo mismo. La cuestión de que el PSC tenga voz y voto en la Ejecutiva Federal, en tanto que el PSOE carece de presencia y voz, de influencia, en el mensaje de los socialistas catalanes, pudo ser algo sostenible cuando el PSC era una genérica modulación regional dentro de un partido unívocamente nacional. Las cosas no pueden seguir siendo así entre ambas partes porque los del PSC, en estas horas del soberanismo catalanista, se han bajado al moro con armas y bagajes.