El agujero negro del nacionalismo

Quizá habría que acudir a los astrofísicos y al magisterio del propio Newton para desbrozar las claves en cuya virtud el PSC, versión catalana del partido que fundara Pablo Iglesias, acaso no podría hacer otra cosa que el espectáculo ahora en curso ofrecido a los demás españoles, incluidos sus compañeros del PSOE. Con los que comparten Grupo Parlamentario en el Congreso.

Aludo a Newton y sus descendientes por razón de que el partido de los socialistas catalanes acabe resolviendo, comportándose -como ahora hace – de parecido modo a cómo lo hacen los cuerpos en los espacios celestes: en razón directa al producto de sus masas e inversa al cuadrado de las distancias. El peso de su ideario y de su sentimiento de adhesión a la realidad histórica de España, subsiste en términos críticos dentro de su proximidad física y afectiva al mundo identitario del catalanismo nacionalista.

Esa gravitación que lleva a tal parte del conjunto catalán, tan exacerbada en la conciencia de su identidad, a una crispación de sí misma que acaba comportándose como lo hace un agujero negro… Como una estrella implosionada en el ensimismamiento, creyendo que es aquello que pudo haber sido y no fue, como hubiera traído a colación ahora un catalán universal, José Ferrater Mora, para ilustrar su precisión sobre qué es efectivamente un futurible: aquello que pudo haber sido y no fue. O sea, todo lo contrario de lo que suele creerse: algo que puede ser. Un futurible sería tanto como una posibilidad abortada entre miles y miles de ellas. Algo que podría ejemplificar el caso de Cataluña. Pudo en la Historia haber sido un todo nacional, pero se quedó en parte de otro. Y la Historia no tiene marcha atrás.

Los socialistas de Cataluña, el PSC, parecen haberse mantenido hasta ahora en una línea límite. La correspondiente a la parte exterior de la que define el campo gravitatorio de ese “agujero negro” constituido por el nacionalismo catalanista. Digo “hasta ahora” porque el equilibrio del PSC se volvía a romper ayer en el escenario del Congreso de los Diputados, donde se integra con el del PSOE, luego de haberse roto inversa y previamente en el Parlamento de Cataluña a propósito de la misma materia: el endoso o el rechazo de la propuesta de CiU, ERC e ICV de “iniciar el diálogo” con el Gobierno para la celebración de un consulta soberanista. La iniciativa había sido rechazada por el PSC en Barcelona, excepto por cuatro de sus diputados. Y ahora el mismo PSC la ha endosado en el Congreso desde 13 de sus 14 escaños, puesto que Carme Chacón, la ex ministro de Defensa, que antes de la votación, frente al “agujero negro”, ha dicho “no voy a apoyar el proyecto rupturista”.

Esta primera disidencia interna del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, expresada en términos de votaciones encontradas, es suceso político relevante donde los pueda haber. El nacionalismo catalán -para muchos, por razones espúreas – ha tensado la cuerda rupturista hasta límites que auguran repercusiones estructurales en la política española. Por lo pronto plantea añadidamente la cuestión sobre el futuro catalán como granero de votos para el Partido Socialista Obrero Español. Que hoy ha estado a la altura de las circunstancias. Lejos años luz del disparate aquel de ZP diciéndoles un día a los nacionalistas del Principado que dijeran lo que deseaban y le enviasen el Estatuto que quisieran.