Caciquismo de Estado en Ecuador

Menester central de los caciques en la España de entre siglos era la compra de votos en las respectivas demarcaciones electorales, corrientemente desde fondos aportados por quienes apostaban a la política por las distintas motivaciones que entonces movían a los llegaban hasta la política formal. Para acceder al poder, o para mantenerse en el mismo. Los tiempos han cambiado en los términos que todos conocemos. Son bien distintos los tráficos. La actualidad nos depara sobrados ejemplos de que no son pocos los que apuestan a la política para vivir de ella, cuando no para forrarse. Para enriquecerse sin medida.

El caciqueo, terco, subsiste bajo formas muy variadas. Presentándose bajo otras instalaciones y maneras, dentro de la estructura de los partidos actuales, proclives a protagonizar corrupciones nuevas y desviaciones distintas del ejercicio de la representación democrática. Convirtiéndose en partitocracia. El mercadeo de favores corrompe el sistema, tanto como el poder absoluto, ilimitado y no democrático, corrompe absolutamente la política. El caciquismo es la trampa, la materia misma con que se amasa la corrupción. Y el escenario en que ésta se manifiesta puede ser tanto la propia sociedad, como los partidos y el mismísimo Estado. Tal el caso de Ecuador en estas horas.

Rafael Correa ha resuelto en una sola vuelta, casi con el 60 por ciento de los sufragios los comicios presidenciales ecuatorianos. Instalado en su tercer mandato para la jefatura del Estado, Correa se homologa con la segunda reelección en la tripleta de chavismo plenario: Venezuela, Ecuador y Bolivia. Consolida así la supuesta resurrección de los ideales de Simón Bolívar (“He arado el mar”- reconoció el Libertador en su lecho de muerte-). Resurrección supuestamente oficiada por Hugo Chávez, el presidente venezolano, en su habanero cuarto quirófano. Un Chávez ya supuestamente regresado a Caracas, pues así lo ha proclamado por la red social de Twitter. Aunque no se verificó todavía el regreso en la tarde de este lunes.

Pero a lo que íbamos. Es caciquismo de Estado que los votantes hayan recibido una determinada cantidad de dinero por sufragar. Ha ganado Correa esta elección como ganaba el ciclista Amstrong las carreras. Gratificando a los electores, drogando el censo, con recursos del Estado para procurarse una ventaja que le asegurase el poder sin necesidad de ir a una segunda vuelta electoral. Ignoro qué precedentes puede haber de caciquismo populista más descarado.

Que el dinero repartido para obtener el resultado electoral haya beneficiado a las clases populares es posiblemente el más impotable caso de demagogia, porque al cabo se ha orientado absolutamente a financiar un fraude que deslegitima por si mismo el resultado. Esos recursos se han detraído de fines legítimos como programas de educación y de inversiones en sanidad, por ejemplo. Ninguna clase de honesto socialismo es cohonestable con caciqueo de tan escandalosa especie, de compra masiva de votos.

Es una lástima que la traqueotomía practicada al pobre Chávez impida a éste, se encuentre dónde se encuentre, consumir un turno con el que justificar los medios de que se ha valido su correligionario Correa. Que con sus leyes contra la libertad de Prensa sumadas a la no alternancia política en el poder, se ha asegurado el personal disfrute de un populismo socialistas progresivamente totalitario.