Cuando la naturaleza es la noticia

Nunca como ahora la Humanidad cursante ha sido espectadora de un suceso tan distinto. Diferente menos por su masiva espectacularidad inmediata que por su novedad ante los ojos del hombre y, sobre todo, por su origen cósmico. Su más inmediato precedente fue el de Tunguska. Evento este acaecido en 1908 dentro del deshabitado espacio siberiano, lo que ocultó a las gentes de ese tiempo la escala y naturaleza de los daños causados.

Se debió el tremendo suceso al impacto de un fragmento del cometa “Encke”, que causó la deforestación de. 2150 kilómetros cuadrados de bosque y tumbó al suelo a gentes que se encontraban a 400 kilómetros del lugar de la explosión. La energía generada por el impacto equivalió a 30 megatones. Entre otros particulares, se ha sabido después, tras la desaparición de la URSS y el desbloqueo informativo del tema, mantenido muchos años en términos de secreto de Estado, que, a 600 kilómetros del área afectada, el maquinista del Transiberiano hubo de parar el tren por el intenso temblor que sacudió tanto los vagones como los propios raíles del tendido ferroviario en toda aquella zona.

Como se advierte, hubo de pasar más de medio siglo para que se completara el conocimiento de lo sucedido, cohonestándose las informaciones que se tenían desde fuera de la URSS por vía de los datos sismográficos y los registros astronómicos de los primeros observatorios del mundo. O sea, que sobre lo velado de inmediato respecto al cataclismo de Tumguska por la geografía, fue luego escamoteado por la historia política y militar de Rusia en la primera mitad del Siglo XX.

En comparación con el masivo impacto del evento cósmico registrado ahora en los Urales, nunca, por razones obvias, pudo tener repercusión informativa alguna lo acontecido entonces en la proximidad de los mongoles ungustanos. De aquello no se documentaron ni antes ni después bajas humanas. Lo cual no quiere decir que no las hubiera, pese a lo muy despoblado de aquella remota región siberiana.

Ocurre respecto a lo sucedido ahora en la región rusa de los Urales, que ha involucrado en sus repercusiones a un total de seis núcleos de población, causando heridas a 500 personas por la rotura de vidrios y daños en los edificios, pues los platos rotos se estiman en 25 millones de euros, que la energía liberada ha sido de 500 kilotones y que la masa del asteroide causante del suceso era de 10.000 toneladas y su diámetro de 17 metros. No descartándose que el objeto cósmico se fragmentara en su colisión con la atmósfera, lo que hizo que fueran varias las explosiones durante su entera penetración en el estrato gaseoso de nuestro planeta.

Pero es de observar que no hay unanimidad entre los astrofísicos a la hora de concluir si existe o no relación de causa compartida entre la compartida fecha del asteroide de los Urales y la del paso del cometa “2012 DA 14″, a poco menos de 28,000 kilómetros de la Tierra. Paso que se habrá de repetir en aproximadamente un siglo. O sea, un término de magnitud básicamente igual que el que ha mediado entre este suceso cósmico de los Urales y el que causó en Tunguska una parte desprendida del cometa “Encke”.

Convendría que los astrofísicos se pusieran de acuerdo sobre si la coincidencia entre el paso del citado cometa y la caída del asteroide en los Urales ha sido casual o causal; es decir, con una relación de causa/efecto. Habrá que despejar la duda de si se habla de una misma cosa con dos nombres distintos.

Medida en términos de kilotones es mucho más importante despejar esta incógnita que seguir en el debate de si estamos o no estamos en un genuino cambio climático y en qué sentido se habría de consumar este cambio, si a más calor, como sostienen en el Panel de la ONU, o a más frío como afirma la NASA, conforme la medición de los ciclos de actividad de las manchas solares.

Suceso como este de los Urales o aquel de Tunguska, y la coincidencia de ambos con el paso de respectivos cometas, demandan crítica precisión informativa en las noticias sobre la naturaleza y en el debate sobre sus causas. Tanto en un aspecto como en el otro tiene tanto rango la Geografía y la Astrofísica como la Historia y la Política.