Francia roza la “misión cumplida” en Malí

Tras la previsible y lógica desbandada de los islamistas en general y tuaregs en particular – que habían conseguido también amenazar de lejos Bamako, la capital maliense, luego de conquistar Gao y Tombuctú, infiriendo graves averías al patrimonio cultural y musulmán de este histórico enclave al pie del Sahara -, las fuerzas franco-africanas, con la toma inminente de la localidad de Kidal sin encontrar apenas resistencia, hacen que Francia roce ya las horas últimas de su misión militar en Malí.

La perspectiva de un desenlace así no resulta en absoluto sorprendente. Está en la propia naturaleza armada de este tipo de conflictos. La mezcla de las prácticas de terrorismo combinadas con lo que puede considerarse propio de la guerra de guerrillas, no puede llevar a otro género de desenlaces que éste. Siempre fue así y así ha ocurrido hasta las campañas de Afganistán. La diferencia esencial entre uno y otro conflicto, sin embargo, radica en que los yihadistas del Sahel no disponen de las condiciones – orográficas, geográficas y políticas – que Pakistán, queriéndolo o sin querer, aporta a los talibanes y a la guerrilla afgana.

En lo militar, el problema para la alianza franco-africana estriba en consolidar su implantación en la parte nordeste de Malí. Y en lo político la cuestión no es otra que la de organizar las cosas de manera que París, una vez cumplida su intervención militarmente decisiva, deba y pueda transferir lo mucho y engorroso que resulta consolidar el restablecido orden en esa parte del territorio malinense. Para ello es necesario, de momento al menos, que las fuerzas africanas que han aportado los Estados vecinos continúen allí, con cuanta asistencia sea precisa.

Aunque lo más importante en este particular de la consolidación de la ventaja territorial lograda frente a los yihadistas, se sitúa en la desarticulación política de las alianzas que se habían establecido con los Tuareg por parte de las diferentes franquicias de Al Qaeda en ese espacio africano. Lo cual, conforme el análisis político de la situación que se hace desde París, pasaría por alcanzar un acuerdo del Gobierno de Bamako con los Tuareg basado en el reconocimiento de una base autonómica para éstos, vertebrada en un compromiso de cooperación armada frente al yihadismo.

La estrategia diplomática de Francia a este respecto puede estarse apoyando en la convergencia de intereses económicos entre todos los pequeños Estados de la región. Desde Níger, por sus yacimientos de uranio, al Chad con sus hidrocarburos, y Mauritania con sus problemas de estabilidad política, se advierte todo un entorno de potencial cooperación y de socorro mutuo, identificado en la propia participación para liberar a Mali de la grave infección yihadista padecida.

No se debe perder de vista todo cuánto expresó el ataque yihadista contra la planta gasista del sur de Argelia, seguido este fin de semana de otra operación terrorista en el norte argelino sobre un gasoducto. Esta última acción está en la misma línea de los actos de los reiterados sabotajes del yihadismo en el desierto del Sinaí contra los enlaces de gas egipcio con Israel y Jordania. Ocurre asimismo que, por extensión, la práctica del terrorismo económico practicado por las gentes de Al Qaeda está operando ya como un revulsivo para que no sólo en el Sahel y en el norte de África se activen las defensas solidarias con Malí, sino que en Europa se reacciona ya endosando la solidaridad con lo que fue la iniciativa política y militar de Francia en apoyo de los agredidos. Pero sigue el cabo suelto de Berlín en la respuesta europea a este problema, de estructural inseguridad energética en términos de la UE. Además del gas ruso se necesita el que llega desde África.