Los costes distintos de la guerra nueva

Contundente y casi desbordada respuesta argelina al yihadismo, respaldada el sábado por el presidente francés, François Hollande Lo sucedido, cerca de la frontera líbica, en la planta de gas de Tiganturine, con las sucesivas fases del asalto de las fuerzas especiales que se ha consumado a las largo de casi ochenta horas. Aunque el balance definitivo aun no se puede cerrar, pues se desconoce la suerte corrida por varios secuestrados, los efectivos asaltantes liberaron, según las fuentes oficiales, a 685 argelinos y 107 extranjeros. Durante el sábado, en el último de los episodios habidos para la recuperación militar de la planta gasística, murieron 11 terroristas y siete rehenes.

El escenario de esta atípica y crudelísima batalla, correspondiente a un espacio de confluencia de la propia Argelia con Túnez, Libia y con Níger y Mali, y en la proximidad de Mauritania; al cabo de una ambiciosa operación castrense por parte de las franquicias de Al Qaeda – buscando detener la operación yihadista y rescatar a la antigua colonia de París. Evitando con ello la instalación permanente de Al Qaeda, sus ramas y derivados en el África Occidental -, lo ocurrido en In Amenas, lugar donde se encuentra la instalación gasística de Tiganturine, con la decidida y crudísima acción del Ejército argelino, podría muy bien pasar a la historia de los sucesos bélicos modernos como un salto en la evolución de la guerra del terrorismo y de la guerra que se hace contra el terrorismo. Aquella, definida por las calidades de estado mayor que precedieron los preparativos del secuestro de la planta. Ésta, signada por la fría y radical contundencia de la respuesta del Gobierno de Argelia.

Y no resulta obviamente esta operación de un progreso en los recursos tecnológicos aplicados a la guerra, como el observado en el tiempo más reciente con los Drones o aviones no tripulados, en Yemen y Pakistán contra gentes de Al Qaeda y jefes de los talibanes. Éstas no son, al cabo, sólo armas contra el terror yihadista, aunque repetidamente tengan efectos colaterales sobre la población civil. No.

El salto en la reacción antiterrorista no está inscrito en un progreso de tecnología militar, sino en el cambio de los respuestas morales frente al desafío y las audacias del islamismo de combate, instalado en la creencia de que la escrupulosa sensibilidad occidental, siempre supondrá tanto como la garantía de que los criterios morales en que se resuelve culturalmente su poder, le llevaría al éxito en su desafío. Especialmente si, tratándose de occidentales los muy numerosos rehenes tomados por los terroristas organizados en formato de guerrillas, llegaba proporcionalmente establecida la presunción de que sobrevendrían las transigencias con lo exigido por ese bandolerismo musulmán.

En esta ocasión del espacio afectado por la incursión en el sur argelino de Sahara los asaltantes incurrieron en un error de apreciación sensiblemente grave. Aunque la maniobra estaba mediatamente destinada a forzar la retirada de Francia, su más inmediato receptor – en el que residía la respuesta por todo un cúmulo de razones – no era Francia sino Argelia; cuyo discurso decisorio no contaba con los frenos, sensibilidades y tamices, con los escrúpulos y consideraciones propios de sus socios occidentales en la explotación de sus hidrocarburos en el Sahara.

Los yihadistas que operan en el Sahel pueden también haber sido apeados del sueño de piratear entre las arenas saharianas y sahelíes – a costa de los Estados titulares de los yacimientos de gas y petróleo como de las multinacionales asociadas con éstos para su explotación -, igual que los piratas somalíes piratean las aguas del Índico.

Estos multinacionales corrían el riesgo cierto de perder a ciertos de los suyos constituidos en rehenes, pero Argelia estaba en el riesgo propio de no sólo perder a muchos de sus nacionales también convertidos en rehenes, sino asimismo las condiciones de seguridad necesarias para la explotación de sus yacimientos.

El chantaje de los islamismos también ha visto esfumarse en Argelia un sueño muy ambicioso. En lo político, una apuesta de importancia crítica; desde lo finalmente resuelto se ha comenzado también a deshilachar, entre el Atlántico y el Índico, ese tejido de presión y de amenazas con el que está cortada y cosida indumentaria tan ilimitadamente brutal como los secuestros seguidos de muertes en frío. Y en todo caso, como criminal industria extractora de los recursos con que financiar la propia actividad guerrillera. Sea en el Sahel o en cualquier otra parte.