Implosión boliviana de la seguridad jurídica

No puede afirmarse que sea una “nacionalización” la ocupación policial y militar en Bolivia de cuatro sedes empresariales propiedad de la española Iberdrola que nunca fueron, previamente, de titularidad estatal en aquel país ni, tampoco, del sindicato cocalero que sirvió a Evo Morales de trampolín desde el que saltar a la política neocomunista elaborada en los talleres de La Habana, envasada después, en la Caracas de Hugo Chávez bajo el etiquetado de “Revolución Bolivariana”.

Asimismo no cabe confirmar que el literal secuestro de cuatro empresas de la multinacional española Iberdrola se haya perpetrado desde el Gobierno supuestamente indigenista de La Paz como mensaje de aliento enviado a la misma Habana para serle entregado al muy enfermo Hugo Chávez, cuya precisa situación médico-quirúrgica se desconoce luego de la enésima intervención a que ha sido sometido el caudillo bolivariano, para hacer frente a las metástasis desplegadas por su cuerpo tras de la tumoración pélvica que le fue intervenida en primer turno clínico en la capital cubana.

Y, de parecida manera, tampoco puede decirse que el populista régimen argentino de Cristina Fernández de K. Haya remitido al mismo hospital habanero, para idéntico destinatario, el mensaje de que en fecha próxima seguirá una tercera expropiación de empresas españolas tras de las ya perpetradas en su día con “Marsans” y con “Repsol YPF”, siempre en reconocimiento y tributo de fidelidad al populismo de cuño chavista, por ser tanto lo que debe a éste el kirchnerismo; como cupo demostrar con las remesas monetarias enviadas desde Caracas y portadas en maletas por emisarios del Palacio de Miraflores, para subvenir a los gastos electorales de la dinastía gobernante en Buenos Aires. Aunque el destinatario fuera una ministra del Gabinete económico de doña Cristina; ministra a la que ahora se acaba de condenar, pues el abundante y diversificado papel moneda que se le remitió vino a aparecer en el lavabo de su despacho ministerial.

Bueno, más allá de los precedentes y de los contextos en que se envuelve lo ahora sucedido en Bolivia con Iberdrola, y luego de lo que ocurrió en el pasado mes de mayo con la expropiación de “Transportadora de Electricidad”, propiedad de la también española Red Eléctrica, lo que sería de esperar por más de que no sea previsible lo esperado, es el pronto pago del justiprecio correspondiente por parte del Gobierno boliviano. Los precedentes argentinos no aconsejan optimismo alguno. Tanto en un lugar como en el otro, el populismo de izquierdas siempre es lo mismo.

Y en el caso de Bolivia – que habrá de cumplir su promesa de pagar el correspondiente justiprecio a Iberdrola por los activos ahora ocupados -, clama al cielo que un país en tan supinas condiciones de pobreza y subdesarrollo, objeto y materia de toda suerte de onegés y de internacionales socorros (especialmente españoles), tan necesitado de recursos económicos y tecnológicos aportados desde el exterior, arruine de manera tan flagrante sus exiguos márgenes de convocatoria. Posiblemente no haya otro país en el mundo más necesitado de los concursos y colaboraciones derivados de la seguridad jurídica. Justo, pues, la condición a cuya voladura política se aplica con tantísimo denuedo la ignorancia de Evo Morales. Pasión tan activada por el castrismo de recuelo que es el populismo chavista en todas sus latitudes iberoamericanas.