El desplome del régimen sirio

¿Qué queda de un sistema, de un régimen que se encuentra en guerra de supervivencia, cuando el jefe de la policía militar, con su deserción, eleva a nivel crítico el problema de su supervivencia? Cuando el general Abdelaziz Yassim el Shalal, comparece a través del canal de TV saudí Al Arabiya para declarar que ha desertado “porque el Ejército se ha desviado de su deber primordial de proteger el país y se ha transformado en una banda dedicada a la destrucción y los asesinatos”, no cabe encontrar evidencia mayor de que el sistema aparece podrido en su misma base. Es así pese que a los servicios de Inteligencia del Gobierno de Damasco hayan querido minimizar los hechos con la observación de que el general Abdelaziz Yassim estaba a punto de retirarse.

Aunque no estriba sólo en eso, en la deserción, la evidencia de que el sistema de los Al Asad se encontraba ya en las últimas. Ha sido la propia diplomacia rusa la que días atrás movía ficha, desplazándola de la casilla de la incondicionalidad para abrir ventanas a la consideración de los rebeldes como interlocutores a corto plazo, puesto que el interés de fondo para la política exterior de Moscú no es propiamente el régimen que se tambalea en Damasco sino el espacio geopolítico sobre el que ese régimen se asienta desde hace más de 40 años. Un espacio de muy preferente aprecio para los rusos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y desde muy antes todavía. Cuando el zar Pedro el Grande acuñó como prioridad manifiesta la llegada de Rusia a las “aguas calientes” del Mediterráneo y espacios adyacentes.

Hay otros factores de obligada consideración a la vista del declive de las capacidades, convencionales y no convencionales, del Gobierno de Bashar el Asad. Un estado de cosas que afecta a factores que están más allá de las políticas más o menos circunstanciales, pues corresponden a los ingredientes históricos de la propia Siria. Me refiero a la integración histórica de la población cristiana dentro del conglomerado de religiones y sectas tanto en la misma Siria como en Líbano, y dentro de ese conglomerado, al relevante papel de esa misma población. Y es hacia ésta a dónde ahora gira el visor del régimen de Damasco para involucrarla en la contienda. Algo que en un principio apareció centrada como conflicto entre las mayorías suníes del país y la gobernante minoría alauí, secta musulmana perteneciente al espacio del chiísmo. Un dato que explica en buena medida la solidez y raigambre de las relaciones entre actual Damasco y la República Islámica de Irán.

Este riesgo de que el conflicto sirio arrastre al segmento cristiano de su población correspondería a una de las claves de la alusión que ha hecho el Papa, en su mensaje navideño, a la guerra de Siria y a la violencia contra los cristianos de Nigeria por parte de los islamistas, que cíclicamente atacan los templos católicos cuando se encuentran repletos de fieles en estas celebraciones de la Navidad.