USA: Funambulismo sobre el abismo

En el fondo y en la forma, la ciclogénesis parlamentaria en que se adentra la política la política federal norteamericana sobre las opciones fiscales de los dos grandes partidos, el Demócrata gobernante -con mayoría en el Senado y minoría en la Cámara de representantes-,  y el Republicano, se sitúa en los términos definidos por la máxima ignaciana de no hacer mudanza, cambios, en tiempos de tribulación.

Los cambios vendrían definidos y contenidos  en las propuestas demócratas y el continuismo quietista en las tesis republicanas; mientras que la tribulación viene expresada por lo global y sistémico de la crisis imperante en el mundo, excepción hecha de la recuperada boyantía económica china con su cortejo de economías emergentes, como la de India y Brasil, además de los llamados “pequeños dragones” del Pacífico.

Dentro de un formato de estas características, el gran debate de la democracia estadounidense es a estas horas tanto como la derivada central del habido en las elecciones presidenciales: una colisión de paradigmas sobre el modo y manera de enfrentar los desafíos de la crisis, bien que no en términos totales sino dentro de un plano de gradualidad.

Los demócratas, con algo más que homeopatía socialdemócrata (“similia similibus curantur”) y los republicanos con algo menos que radicalismo liberal, definido por su aversión al incremento del gasto y el peso del sector público en el conjunto de la economía nacional. Teniendo el debate entre ellos, como plano y como marco, el equilibrio fiscal y la distribución social de la carga tributaria.

Pero lo más llamativo y relevante de este debate en su presente turno post-electoral es el peso del factor tiempo. Antes de que el año acabe tendrá que haberse llegado a un consenso en materia fiscal, tal como previamente se convino, para evitar los términos de un déficit público que haría abortar la modesta recuperación lograda en Estados Unidos la legislatura anterior. O sea, el ingreso norteamericano en la nómina de economías que se deslizan por el tobogán de la recesión; un ingreso que sería lo menos parecido posible al peso de un grano de anís, pues estamos hablando de la todavía primera economía del planeta.

Un protagonista, Estados Unidos, cuya eventual desventura recesiva supondría, por su peso relativo dentro del conjunto, tanto como la oclusión del horizonte económico mundial. Pero sin llegar, ciertamente, al Apocalipsis del punto Omega… Ajustada a sus términos verdaderos la previsión del Calendario Maya sobre el 21 del XII de 2012, y entendida ésta no como la extinción del mundo sino como el fin de un ciclo –negativo- para el paso a un ciclo nuevo y venturoso, la conclusión de ese calendario estaría auspiciando para el conjunto de la economía internacional, una vez rebasada la fecha crítica del día 21, la llegada en Washington al acuerdo fiscal entre demócratas y republicanos antes de que allí suenen las campanadas de las 12 uvas. Contra la máxima ignaciana, la mudanza para otro consenso nacional en la política fiscal norteamericana, sería el antídoto y remedio de la tribulación.  El puente sobre el abismo.