La tormenta votó en Norteamérica

O al menos eso es lo que pudiera parecer. El corte colosal corte inferido por la megatormenta en el ritmo de la campaña presidencial norteamericana, al obligar a los candidatos a suspender sus intervenciones públicas en el tramo final de la misma, a una semana de las urnas, aportó virtualidades imprevistas para alterar análisis, previsiones y estimaciones que llegaban para estas fechas en sus formatos convencionales. Con referencias preferentemente articuladas en lo que habían sido los debates del presidente Barak Obama, candidato por el Partido Demócrata, y de Mitti Romney, aspirante a la Casa Blanca por el Partido Republicano.

Lo conseguido por uno y otro en términos de aceptación estaba cabalmente aforado. Y el parecer común era el que hasta entonces, cuando la “tormenta perfecta” no había tocado aún el espacio estadounidense, ambos candidatos estaban igualados en sus logros de imagen. Se encontraban virtualmente instalados en el empate.

De ahí en adelante, sin embargo, ese dirimente peso que la Naturaleza tiene a veces en el Nuevo Mundo – dejándose sentir de manera menos común en Europa – ofrecería a los candidatos alternativas nuevas para conseguir la ventaja decisiva.

Pero ha sido para el presidente Obama la ventaja incuestionable de tal cambio de escenario en estas elecciones presidenciales del día 6. La obligada suspensión de las respectivas campañas por razón de la catástrofe nacional en que se ha resuelto la tormenta, principalmente en la ciudad de Nueva York y en Nueva Jersey, ha tenido efecto desigual, apartidario y abrumadoramente asimétrico para uno y otro candidato. Romney se ha encontrado en el escenario con una función, a los efectos de imagen considerados, de escasísima relevancia comparada con la dispensada por el gran suceso meteorológico al presidente Obama.

Toda la imagen ha sido puesta en sus manos para administrarla como gestor volcadísimo, puntual y eficaz en unas circunstancias críticas para millones de ciudadanos: como señor del escenario, en tanto que presidente y rostro activo del Estado en todas y cada una de las escenas de respuesta a los estragos de la catástrofe. Ha sido para él aportación de imagen fabulosa y omnipresente en la práctica. Un regalo caído – nunca mejor dicho – del mismísimo cielo. El empate que tenía con el candidato republicano ha debido volar por los aires. A Romney le ha encontrado el suceso con el pie cambiado.

Naturalmente, el enorme impacto demoscópico de esta historia estará sometido, en los pocos días que restan para las urnas, a un proceso de decantación en el que tal impacto se adelgazará de manera harto significativa. Lo cual no quiere decir que el peso restante no baste para que al segundo mandato del presidente Obama se le pudiera llamar también el del “Hijo del Trueno”. La Naturaleza se reserva a veces la facultad de poner algo más que acentos a la Historia y a la Política.