USA, pronósticos y perplejidades electorales

Más allá de los componentes grupales – de afroamericanos e hispanos- en la topografía del censo electoral norteamericano, aun siendo tan notorias en su peso diferencial dentro de la presente ocasión, para las urnas del próximo 6 de noviembre, lo que parece contar más en esta ocasión será la propuesta económica expresada por los candidatos. Concretamente, el desencanto de los afroamericanos según las encuestas puede traducirse en abstención, mientras que el cambio en la intención de voto ya se prefiguró entre la población blanca tras del pinchazo presidencial en el primer debate ante las cámaras de TV.

No obstante, el aparente desencanto entre la población afroamericana – variable que se combina con el peso del también desencantado voto hispano, al que tanto afectan las incumplidas promesas ante el problema casi sistémico de la inmigración irregular – puede tener menor relevancia final que la valoración última del nivel de desempleo. Ocurre asimismo que el significado económico y social del paro redunda también como dato arbitral negativo para las aspiraciones del presidente Obama a ser reelegido.

Aquello que fue la clave de la victoria de Bill Clinton frente al primero de los Bush, el peso dirimente del dato económico resumido en el nivel del paro – que superó por unas décimas el límite crítico “tolerado” por las urnas – aparece como uno de los probables criterios determinantes de los resultados en las urnas del próximo 6 de Noviembre.

Más allá del significado final y resolutorio del desencanto potencialmente habido después de las expectativas generadas en su día por el presidente Obama, es el índice de paro – expresivo como ningún otro del estado de la economía de un país – aquello que nuevamente aparece como base del veredicto de estas urnas norteamericanas. Cosa que parece encontrar su explicación última en el propio nivel de exigencia que allí define la situación de pleno empleo a partir de una tasa de paro situada en el 6 por ciento.

Desde criterios estimativos de este porte se entiende sobradamente la reiterada alusión al presente estado económico de España por parte de los dos candidatos a la Casa Blanca. Ese 25 por ciento de nuestra tasa de paro, que más que cuadruplica la frontera estadounidense de su normalidad en el empleo, es explicativo de las repetidas referencias a nuestra crítica situación. Aunque junto a tales comentarios no aparece y posiblemente aparecerá referencia o reflexión algunas a la cuota causal que corresponde al juego de agencias de calificación norteamericanas, por su participación en la desmesurada prima de riesgo que debe soportar la deuda española y por su responsabilidad en la creación de la burbuja inmobiliaria norteamericana, causante primordial del cisco en que estamos sumidos todos. Especialmente por la gestión funesta de José Luís Rodríguez Zapatero, responsable único de nuestra tardanza en responder a la crisis, tan censurada por el actual huésped de la Casa Blanca. Tan admirado a su vez por el profeta de la “alianza de civilizaciones”.