Ofensiva nacionalista de otoño

Cuando Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), se planta frente a Berlín y afirma que la compra de deuda soberana de España es asumible y compatible con la estabilidad monetaria de la Eurozona, la trama nacionalista capitaneada desde Cataluña, en una carta a la vicepresidenta de la Comisión Europea, agita el fantasma del golpismo militar contra el proceso de rebeldía incoado en Cataluña, cuando el único golpismo cursante en el Principado es la violencia política del Gobierno de la Generalidad contra el orden constitucional español, tanto desde la esgrima de los desafíos independentistas como desde la burla de resoluciones judiciales como las que afectan a la obligación constitucional derivados de la cooficialidad del catalán y el español o castellano.

Acompaña al desprecio del daño internacional  causado a España por la esgrima del espantajo del golpismo militar, el sarcasmo del Parlamento catalán al dirigirse al de la Comunidad valenciana para exigirle que proteja el idioma catalán en todos los niveles de la Enseñanza. Justo lo mismo que desde el Gobierno del Estado se le demanda legítimamente al del Principado para el castellano … Nada ha tardado, como era de prever, la respuesta valenciana al aprobar sus Cortes una proposición no de ley rechazando la injerencia nacionalista en los asuntos internos del Reino de Valencia. Pero tan significativo como ello ha sido el desmarque socialista – en la misma línea de la sostenida de la eurodiputada del PSC firmante de la carta a la vicepresidenta de la Comisión Europea. Maniobra suscrita por tres eurodiputados nacionalistas.

La ofensiva nacionalista y parcialmente socialista se acompaña de otros movimientos de escisión manifiesta respecto de los intereses globales de España, tal como ha sido el compartido rechazo de la integración en un solo organismo nacional de las oficinas comerciales en el exterior por parte de Cataluña, País Vasco. . . y Andalucía. Cosa a la que se puede sumar  la actuación nacionalista ante la Comisión Europea objetando las dotaciones económicas asignadas para el AVE en supuesto detrimento de las que habrían de corresponder al corredor mediterráneo…

En muy pocos días, como cabe fácilmente advertir, el nacionalismo catalán de CiU y sus aliados para la secesión han pasado de las elogiadas “calidades democráticas” de la Diada por el embajador norteamericano, a una praxis de agresión contra los intereses generales de España ante la que no cabe transigencia alguna desde el plano de la ley y el estilo de convivencia acuñados en la Transición.

Parece llegada la hora en la que más allá de las urgencias a que obliga la gravedad de la crisis económica, se dispongan los medios legales y los recursos institucionales precisos para reconducir la política nacional a la normalidad constitucional. Quizá mediante la formulación de un referéndum desde el que la Carta Magna pueda reformarse en aquellas de sus partes que sea menester, para corregir los errores cometidos con los Estatutos de Autonomía, en un control riguroso de sus gastos y con garantías suficientes para la unidad nacional de España.