Schaüble, precisión que se agradece

Cuando el ministro de Finanzas alemán, Wolwgang Schaüble, afirma en Berlín ante la Prensa extranjera que España no necesita rescate por parte de los socios europeos ni tampoco un programa de ajuste sino recuperar la confianza de los mercados, considerando que el Gobierno de Rajoy está haciendo bien aquello que debe, parece que diera a entender lo mismo en lo que se refiere a Italia, igualmente maltratada en la práctica por los mercados, por encontrarse atenida de paralela forma al seguimiento de las pautas convenidas para la reducción de su propio déficit.

Pero hay otro particular al respecto del mayor interés, en el conjunto de las declaraciones a los medios realizadas por el mismo titular germano de Finanzas, referido a comentarios sin nombre salidos de la Comisión Europea en el sentido de que la oposición de este ministro a un rescate para España tiene supuestamente que ver con “su miedo a la oposición del Bundestag” (Parlamento Federal de Alemania)…

El tono acre de la respuesta por parte del interpelado –”algunos en Bruselas harían bien en trabajar más y hablar menos” – corresponde a la crónica de los reiterados disensos en forma y fondo entre Alemania y la Comisión Europea. Y como colofón, eso otro de que “deberían ocuparse en que yo no sepa quien dijo tal cosa, pues mi reacción podría ser bastante desagradable”. O sea, que las pautas alemanas en toda la crisis del euro van más allá de la materia estrictamente monetaria y alcanzan a las formas y el tono de la comunicación entre Berlín y Bruselas.

Curiosamente dos días después, Helmud Schmidt, el nonagenario ex canciller de la RFA, arremetía en Münster al recibir el premio de Westfalia a la Paz, luego de criticar la política oficial alemana en la crisis del euro – tachándola de egocéntrica y cicatera -, contra la Comisión Europea, con sus 20.000 funcionarios ocupados en “cuestiones irrelevantes” e incapaces de avanzar significativamente en el camino de una Constitución Europea. En su repaso crítico del entramado institucional de la UE, sólo ha salvado el ex canciller al Banco Central Europeo (BCE), elogiando su actual ciclo de compra ilimitada de deuda. Pero acaso lo más destacable del discurso de Schmidt ha sido su opinión de que la línea del Gobierno de Berlín y de sus socios “duros” en la actual crisis, no se compadece con el templado y comprensivo sentir mayoritario de la población alemana. En cualquier es de señalar como Alemania, por estribor y por babor, la tiene especialmente tomada con la burocracia de Bruselas.

Volviendo a la previa declaración del ministro de Finanzas de Angela Merkel, es de advertir por otra parte, que en el talante de su declaración ante la Prensa extranjera sobrenada y cuestiona la propia del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. Subyace en la declaración de Schaüble, un fondo replicante al pentagrama por el que ha venido a reiterarse el discurso tremendista de la Prensa anglosajona sobre las vicisitudes de la economía española, al afirmar eso de que lo que ocurre actualmente en los mercados financieros con España no se explica con los datos fundamentales de nuestra economía, que tienen actualmente una evolución positiva.

Añadiendo, respecto de la hipoteca necesidad de un rescate, que “lo único que necesita España es ser acompañada positivamente en lo que está haciendo. Por lo demás, ha enfatizado Schaüble, “puede hacer el trabajo sola”.

Estos afirmaciones de Berlín por boca de su ministro de Finanzas, por ser tan contundente, habría que explicarlas obviamente, por la constatación objetiva de que las pautas seguidas por el Gobierno de Mariano Rajoy son como son, por el hecho del cambio imputable al ajuste sintónico de los discursos de España e Italia, impropiamente desconsideradas en sus condiciones objetivas por el comportamiento de los mercados. Un comportamiento éste al que no es ajeno el propio referido discurso, crítico y alarmista, de los medios periodísticos anglosajones. Quizá tentados de la autopromoción de una pantalla protectora de la ubicación británica de un espacio gris e intermedio entre el que corresponde al primer nivel de la Eurozona y el estrato de los periféricos.