Efecto mayor del “Efecto Draghi”

La ya histórica decisión el pasado jueves del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), de romper la inactividad de 25 semanas en la compra de deuda soberana, no sólo determinó la caída de la prima de riesgo y subida de las Bolsas, animando además a las grandes empresas españolas a acudir al mercado de deuda.

También en estas vísperas del pronunciamiento del Tribunal Constitucional alemán, la marejada adversa en la política interna de la RFA ha sumado sus propios efectos y cumplidas respuestas al llamado el “efecto Draghi”, personalizando así el último desenlace en el sostenido y aun inconcluso pulso mantenido en este tiempo más reciente entre la institución bancaria central de la Unión Europea, más abierta a las necesidades reales de la Eurozona en la crisis, y el Bundesbank, encerrado en la dogmática anti-inflacionaria, a despecho del cuadro recesivo de varios de sus socios atascados en la recesión y abierto a los vientos de la depresión, ahora social y paralelamente política, y potencialmente económica.

Fruto de la hiperestesia política alemana ha sido la observación crítica del Bundestag de que el fondo de rescate atropella el fuero parlamentario, en el sentido de que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) podría ser incompatible con las competencias de la Cámara Baja en la República Federal. Esta publicitada consideración de los servicios jurídicos del Parlamento alemán en materia tan sensible tanto para la política interna como para la subsistente inquietud sobre el futuro del euro, tiene lo suyo de presión, de “lobby” parlamentario, sobre la independencia de criterio que corresponde al Tribunal Constitucional.

Aunque el hecho de que este clima crítico contra la virtualidad estabilizadora de los mercados encuentre su explicación en el eco que encuentra en los mercados, como reflejaba ayer el regreso al interés negativo de la deuda soberana de Alemania, mientras complementariamente la prima de riesgo española venía a rebotar en su caída de la semana pasada, es de señalar la confianza con que el Ejecutivo alemán, por boca de su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, reiteraba su confianza en que el Tribunal Constitucional resolverá positivamente sobre la procedencia legal de los mecanismos de rescate dentro de la Eurozona.

No es disparatado pensar que esté cambiando el viento en la postura del Berlín de Merkel a propósito del camino a seguir para salir del atolladero a que ha llevado la dicotomía entre la política de estabilidad y la política de crecimiento. Algo así como si hubiera tomado nota del modo con que George Soros, el magnate que en su día fue capaz de tumbar la libra esterlina, ha apremiado a Alemania en una sonadas declaraciones para que lidere la salida de crisis, o alternativamente abandone el euro; sosteniendo Soros que el discurso y la ejecutoria política de Berlín se han resuelto en un obstáculo para la moneda única europea y para el propio proyecto de la UE.

El efecto mayor del llamado “Efecto Draghi” parece haber tenido la virtud de remover críticamente las estancadas aguas de la crisis monetaria, económica, social y política de Europa. De hecho el Gobierno de Berlín contrariamente al sentir del Bundestag ante lo que debe resolver mañana el Tribunal Constitucional, y también frente a sus propias cautelas políticas ante las próximas urnas de primavera, apunta hacia una inversión de sus prioridades ante el presente y el futuro del euro. Pesa ya más, quizá, el fantasma de la depresión que la neurosis de la inflación.

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