El tiempo es más oro que nunca

Otra vez Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), ha marcado con las declaraciones subsiguientes a la reunión del Comité Ejecutivo de éste celebrada ayer, el perímetro para las expectativas de los agentes económicos concernidos en la cuestión de la deuda soberana. Asunto en el que se sustancian las cursantes especulaciones de todo orden en torno al futuro del euro, desde el acucioso presente aparentemente zanjado ayer.

Confirmó el compromiso del BCE de comprar deuda soberana de Italia y España pero añadió a esta ratificación – de lo varias veces anunciado y otras tantas rebatido desde el frente alemán – que la compra de esa deuda se produciría dentro de condiciones estrictas, bien que no precisara, aunque se sobrentienda, su significado: aterrizaje fiscalizador de los socios rescatados no de los hombres de negro, aunque sí otros de gris. Dentro de una gama de supervisión que oscilaría entre el gris marengo y el gris clarito.

Ahí quedan, encastradas las variables de las condiciones a que se habrán de plegar los socios objeto de un rescate ligero, parcial y no plenario, a la manera en que lo han sido los de Grecia, Portugal e Irlanda. Cuya subsiguiente pérdida de soberanía económica traducida en recortes de toda condición para sus respectivas sociedades, es directamente proporcional al fracaso de la gestión política de sus respectivos Gobiernos.

El pacto de compra por el BCE de la deuda soberana, directamente sometido a las condiciones que estrictamente se impongan en cada caso, vendrá definido y será aceptado en medida acorde a cómo y en qué nivel se encuentra la prima de riesgo soportada por el país demandante del rescate.

Según y cómo la cosa sea así será la exigencia de garantías verificables por parte del banco emisor europeo; banco que, a su vez se ha comprometido frente al Bundesbank a drenar del sistema tanta moneda como la emitida y utilizada para, mediante compra de deuda soberana, drenar a su vez de los mercados la especulación sobre el futuro del euro. Una especulación sufragada por España e Italia mediante el pago de unas primas de riesgo inasumibles, por ruinosas y esterilizantes, al succionar los resultados de los recortes efectuados por ambas para llegar al buscado equilibrio presupuestario.

De todo lo cual resulta que las necesidades crediticias de las naciones que acuden al rescate ligero resultarán puntualmente moduladas por la declinante presión de los mercados sobre la prima de riesgo que respectivamente soportan, por la razón añadida de que están en la primera línea de la presión especuladora contra el euro mismo. Resulta así que el tiempo viene a desempeñar un papel trascendental para la definición de las condiciones que deban acompañar al correspondiente rescate. Estas condiciones no pueden ser indiferentes al nivel en que se encuentre la prima de riesgo.

Por ello hace falta, probablemente, que transcurra un compás temporal que opere como puente desde la situación cursante dentro de la pasividad compradora de deuda por parte del BCE, al nuevo ciclo comprador por parte de éste. Las expectativas han cambiado para los mercados mismos, para los Gobiernos inmediatamente interesados y para la Comisión Europea. También para Alemania.

Los Gobiernos de Italia y España pueden tomarse un respiro. Ese puente de tiempo que se abre es tanto como un puente de oro. A su establecimiento más conveniente están respectivamente aplicados Madrid y Roma, ya que pueden utilizarlo como puente de salida hacia algún modesto ventanuco de crecimiento, contra la recesión. Tanto Rajoy como Monti pueden ahora parafrasear aquello del César Carlos (Primero de España y Quinto de Alemania), “El tiempo y yo contra otros dos”.

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