Camino de sedición

La detención en Málaga de 11 integrantes en la marcha del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) luego de entrar en una sucursal de Banesto en la céntrica calle Larios, conforme han informado Juan Manuel Sánchez Gordillo, dirigente de ese sindicato y diputado de Izquierda Unida, y la Subdelegación del Gobierno, es suceso, acaecido dentro de la campaña de agitación social “Andalucía en pie”, y que ya tiene epígonos en otras partes de España.

Comenzada la campaña con el “saqueo solidario” de un supermercado en la localidad sevillana de Écija, ha sido en esta ocasión la desembocadura y remate de una etapa iniciada en Casabermeja (para que no faltara detalle ni en los colores de referencia) con la participación de 800 componentes, encabezados por el secretario general del referido sindicato, Diego Cañamero.

Lo sucedido en Écija, como el lector conoce, fue seguido días después con la entrada en Hornachuelos en un palacio convertido en hotel y la acampada en los jardines del mismo, por la correspondiente dotación de manifestantes, ilustrado todo con la inmersión de éstos, cuando les apeteció, en la piscina del establecimiento.

La ocupación de la sucursal bancaria malagueña que encabeza esta noticia, conforma la penúltima etapa de este activismo comunista que tiene programado rematar en Sevilla.

Pese a lo que en principio pudiera parecer una muestra de libertad de manifestación en el contexto de un marco regional acostumbrado al exhibicionismo más que solo radical del revolucionario aforado, arrastra sin embargo significados añadidamente letales para la imagen internacional de España en la Comunidad autonómica de Andalucía.

Y sucede esto, además, dentro de una situación en la que por causa de la grave crisis económica cursante, poco menos que los ojos todos del mundo occidental, en lo político y en los análisis de las Agencias de calificación económica, se está creando de manera sistemática una imagen internacional de España todavía peor que la propia de la catastrófica y desesperanzada de Grecia.

Se podrá calificar de muy distintas maneras esta escenificación de desorden social y político que traduce mendaz y perversamente el dolor y las dificultades con que soportan la crisis tantas y tantas familias españolas, cuyo número no cesa de crecer, ni tampoco de enconarse los términos existenciales de sus agobios y carencias. Pero entre todas las maneras, posiblemente sea el calificativo de sedicioso el que más justamente corresponde – en su aparentemente reiterado propósito _ al comportamiento político-social del tal Sánchez Gordillo. Y digo lo de “sedicioso” ateniéndome a lo que el Diccionario de la RAE define como “sedición”: Alzamiento colectivo y violento contra el orden público.

Camino de sedición es, por consecuencia, ese en el que se reitera algo más que una simbología y que una práctica homeopática de escenificaciones de radicalidad revolucionaria. Los efectos de inducción en que todo ello se puede traducir, por medio de comportamientos que desborden y trasciendan la suerte de experimentos “in vitro” a que se aplica el tal Sánchez Gordillo, es algo que tiene cada vez menos de hipótesis de pizarra. La sedición inducida a través de prácticas simuladas de ella es una realidad cada vez más alta. Y todo el mundo sabe el peligro de jugar con fuego en un monte social reseco por la profunda, sostenida y dilatada crisis económica.

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