Mario Draghi insiste desde la independencia del BCE

Conviene detenerse, ante las prologales revelaciones de Mario Draghi ante el Parlamento Europeo sobre la disposición del BCE que preside para la compra de deuda soberana, en lo que ha sido y sigue siendo el fondo de resistencia alemán ante esta eventualidad. Era la voz del ministro de Economía de Angela Merkel, el pronunciamiento que faltaba al respecto.

Luego de lo manifestado por el gobernador del Bundesbank, Jens Weidemann, y por el ministro de Finanzas, Wolwang Schaüble contra la compra de deuda soberana por el Banco Central Europeo (BCE), en el curso de la marejada tras de la declaración del 3 de agosto; después de todo el revuelo cursante, en esta antevíspera de la visita a Madrid de la canciller Merkel, llegaba el ministro de Economía de su Gabinete, Philipp Rösler, para machacar en el mismo clavo, afirmando que la compra por el BCE de deuda soberana correspondiente a países en crisis de la zona euro no es la solución del problema.

En parte alguna de su primera declaración de hace un mes, cuando dijo Draghi que el BCE “haría lo necesario”, ante la situación de injusta asimetría que se ha creado con los casos de Italia y España, afirmó que fuera una solución duradera … Se trata sólo, como ayer vino a señalar en el Parlamento Europeo, de una intervención puntual, destinada a resolver una anomalía estructural como es la de que Alemania y Francia medren con el problema, desde el punto y hora que España e Italia tuvieran más que pagar por la deuda que colocan cuantas más resultantes recesivas le ocasionan los recortes y sacrificios con que cargan para aplicar los remedios que se imponen desde Berlín.

Un cuadro así ante el que los alemanes se vuelven de espaldas, sería el que representara el empeño de dos naciones en llenar sendos pozos con los rendimientos de sus esfuerzos y sacrificios y lo único que consiguen, de no mediar la intervención del BCE comprándoles la respectiva deuda a un precio justo o razonable, y no intereses usurarios resultantes de la asimetría del sistema. Monstruo que, al propio tiempo, engorda las arcas franco-alemanas.

Ya lo advirtió Mario Monti, el jefe del Gobierno de Italia, en víspera de su reciente visita a Berlín, denunciando con guante de seda la trampa política y la prevaricación contra la moral europeísta que supone la ruinosa presión (para Italia y España) sostenida hasta ahora sobre el BCE para que no interviniera, comprando deuda, contra el abuso final en que se resuelve la presente asimetría. Algo que, de otro punto, se disfraza con la causa anti-inflacionaria, explicable en Berlín por su memoria histórica de la República de Weimar y su inflación clamorosa originada por las brutales condiciones que le fueron impuestas a Alemania en la Paz de Versalles, tras de su derrota en la Primera Guerra Mundial.

En resumen, el presidente del BCE insiste en que hará lo necesario según y conforme las condiciones que el próximo jueves se aprueben en el Consejo del banco. El cambio tendrá su precio pero abrirá el cambio a una situación que era insostenible para la tercera y la cuarta economía de la Unión Europea. Insostenible para Italia y para España. Y, obviamente, insostenible para el Euro mismo. Que Alemania y Francia cedan ahora se corresponde con lo que por España y otros se cedió en 2003 con ellas, en su déficit incompatible con el Tratado de Maastricht.

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