Draghi y Monti, la pinza italiana

Cierto es que este tiempo de huracanes y tormentas tropicales corresponde al Caribe y parte del tercio sur del territorio estadounidense, donde no ha bastado para aguarle la fiesta a la Convención republicana, ni en ésta a la proclamación de Mitt Romney como su candidato a la Casa Blanca en las elecciones presidenciales de noviembre.

Pero en estas latitudes de la Eurozona ya se han establecido las condiciones para el debate de si el artículo publicado en un periódico alemán por Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), por sus objetivos componentes de borrasca política, se quedará sólo en tormenta tropical o si alcanzará el rango de huracán hecho y derecho, de magnitud equiparable al célebre Katrina, que rompió los diques que preservan Nueva Orleáns de la mar encrespada por vientos muy por encima de los 100 kilómetros por hora.

Afirmar como Draghi ha hecho que la política monetaria “necesita a veces de medidas excepcionales” es mucho decir, cuando el enrocado discurso monetarista alemán, de pura y dura política económica de oferta, como la aplicada por la Administración norteamericana cuando sobrevino el “crack” de 1929, se cubre con la expectativa de lo que resuelva el Tribunal Constitucional de la RFA, sobre el calado de los compromisos monetarios que Berlín puede endosar para salir de la ilógica marejada en que se encuentran sumidos los mercados, rompiendo los embates de la inestable prima de riesgo, los progresos tan dolorosamente alcanzados con las políticas de ajuste aplicadas. Políticas acordes con el credo –necesario pero insuficiente para el presidente del BCE– de la mera estabilidad monetaria.

Ese italiano que preside el BCE, ostensible “represaliado” por la jarca económica alemana al haber dicho antes que esta institución haría lo necesario (compraría la deuda que fuera menester) para preservar el euro, no sólo ha vuelto a la carga con lo mismo  en el citado artículo. Ha desplegado también el análisis y glosado las razones que lo soportan, con la observación de que no son homogéneas las condiciones que imperan en cada uno de los eslabones nacionales que integran la cadena constituyente del euro. Son disparidades desde las que la subsiguiente distribución del riesgo, genera escenarios de bajas presiones donde la especulación dispara y extorsiona contra el eslabón nacional con dificultades, tomando como palanca al euro mismo contra el que objetivamente la especulación apuesta.

Lo notable en este caso, justamente ayer, cuando Mario Monti visitaba a Angela Merkel en Berlín, es que se había dado a la imprenta una entrevista del presidente del Gobierno italiano al periódico ‘Il Sole 24 hore’, en la que asimismo se hacía otro análisis, convergente con el de Draghi, donde se advertía cómo el reflujo sobre el Bundesbank de la disparada prima de riesgo en los periféricos, contribuía potencialmente a un estado de hiperfinanciación en Alemania; estado desde el que se podían generar dinámicas de inestabilidad, inflacionaria. O sea, algo frontalmente contradictorio con los postulados y el discurso alemán sobre la supuesta única función –la estabilizadora-  que corresponde al BCE.

Cabe decir que la “pinza italiana”, el convergente análisis hecho por Draghi y Monti, es suceso perteneciente a una perspectiva nueva sobre el Consejo de Gobierno del próximo viernes. Es hora ya de esas medidas excepcionales de que, insistiendo, habla el presidente del BCE; es decir, de que aportando recursos, comprando la deuda necesaria, se homogenicen las condiciones de los eslabones nacionales del euro donde los ajustes se han consolidado ya o lo están haciendo. Sólo eso -parece entenderse de la “pinza italiana”- borrará de una vez la borrasca del mercado y podremos pensar en otras cosas…