Cisma (económico) de Occidente

Está ya absolutamente claro que la reciente jira alemana del secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, no sirvió para nada. Desde los sabidos presupuestos doctrinales al respecto, el enviado del presidente Obama se entrevistó con Wolfgang Schaeuble, el ministro de Economía del Gobierno de Angela Merkel, con el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, y con el del BCE (Banco Central Europeo) Mario Draghi.

Los términos de la desavenencias han sido explicitados en el curso de este último fin de semana, con una serie de declaraciones en cadena que comenzaron con la voz de alarma del banquero federal alemán, en declaraciones al semanario Der Spiegel, contra la “adicción” al apagafuegos de la compra de deuda soberana de España e Italia.

Criterio suscrito luego por el ministro de Economía, desde su perspectiva inmovilista,  sobre qué deba hacerse para conciliar la disciplina de los recortes de gasto prescritos y el flujo de oxígeno monetario para que los países concernidos, destinatarios de la terapéutica monetarista, no acaben por reventar antes de que coronen el repecho.

Y rematado todo finalmente con una estocada doctrinal hasta la bola por la propia canciller de hierro, incursa en una navegación electoralista para urnas a medio plazo, que reproducía literal y prácticamente el mensaje de su hombre en el Banco Federal de Alemania.

Pero es que toda esa pirueta venía a replicar en el fondo y en la forma las ya famosas y manoseadas manifestaciones de Mario Draghi sobre cuánto haría el Banco Central Europeo “para incurrir en adicción” al hacer lo necesario: comprando la deuda soberana que hiciera falta para cortar las vías de agua abiertas en el casco del euro. Parece que fue éste, Draghi, el único de los interlocutores en Alemania del secretario norteamericano del Tesoro, portador éste de los puntos de vista del actual titular de la Casa Blanca, lógicamente preocupado de que el marco occidental y atlántico en las elecciones presidenciales del próximo noviembre traiga más sombras que luces económicas a resultas de las tribulaciones creadas por la terquedad alemana en supeditar a su dogmática de la estabilidad, toda alternativa de expansión y crecimiento que conjure el deslizamiento en la Eurozona desde la recesión cursante a la depresión manifiesta.

De ahí el modo con que han respondido las Bolsas a las difusión de la postura de la Reserva Federal norteamericana de que no cabe esperar más la adopción de medidas de estímulo que, de forma inminente, impulsen la expansión “dados los riesgos que encaramos”.

A lo que se ve, el fin último de la referida visita a Europa del  secretario norteamericano del Tesoro no era otro que el de coordinar el impulso hacia el crecimiento económico en las dos orillas atlánticas. Pero el Berlín de Merkel, por las antedichas razones, lo ha rechazado de esta enfática manera, secuencialmente y en cerrado orden dogmático, el último fin de semana. Posiblemente, por su cismática tradición y soberbio insistir conflictivamente en el disenso con la Europa que no es ella.