Del Bundesbank a Putin y chechenios

Acabó la última semana con una brillante constelación de actualidad internacional. De una parte, Jens Weidmann, el inefable presidente del Bundesbank, acorazado de la política merkeliana en la Eurozona, se permite de la más descarada de las maneras disparar contra la autonomía verbal de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), y contra el propio sentido institucional de este instrumento, en lo político y en lo económico.

Para abreviar, cabría decir que Weidmann le echa en cara a Draghi la supuesta improcedencia de aquella declaración de que el BCE haría “lo necesario” para salvar la turbulencia de los mercados, generadora de los problemas de la deuda soberana. Cuestión que tan abrumadoramente parasita el futuro de nuestra economía, a despecho de los sacrificios de todo orden en que actualmente cursa la política del Gobierno “popular”: progresivamente impopular por su condición de legatario del criptodesastre presupuestario creado y transferido desde el zapaterato.

Lo de Weidmann, operando en corso contra el BCE, no sería posible si previamente no se le hubiera expedido desde el actual Gobierno de Berlín la correspondiente patente, la autorización y el mandato de que el Bundesbank operara como ejecutor secuencial del discurso político de la propia Canciller y de su ministro de Economía; confiriéndoles a todos y para todo una virtualidad ejecutiva políticamente impronunciable, por incompatible con la sintaxis de toda política encajada en un común y recíproco propósito de lealtad entre los componentes de la Eurozona. Drake no era propiamente la Corona británica pero abordaba para ella. Por eso sería de esperar que a no tardar mucho hubiera alguna declaración o comentario, desde una instancia adecuada al eructo de poder, desde el Bundesbank, recogido por el Der Spiegel, cuando el tal Weidmann ha dicho que comprar deuda pública “puede crear adicción”. Una grosería política comparable a aquello otro del ministro alemán de Asuntos Exteriores, cuando, a efectos parecidos, alertaba de los “riesgos de la solidaridad…”

VAN A POR PUTIN.- De otra parte, las compresas de agua fría que la Organización de Estados Americanos (OEA) parece haber aplicado con su circunspección hemisférica a la cruzada bolivariana de Rafael Correa, el presidente de Ecuador, dando así dado al traste con sus ilusiones de reconvertir en propio beneficio político su explotación del caso Assange, montándose en la corriente anti-Washington -más presente por allí que la ocenánica de Humbolt-, para tapar su propio conflicto con la libertad de prensa en país y los medios de comunicación independientes de su Gobierno.

Y así, en tanto el asunto chavista de Wikileaks navega ya con un torpedo en su línea de flotación, obligado a cambiar de rumbo, vemos ahora que los islamistas chechenos no cambian de rumbo ni de propósito de asesinar a Vladimir Putín, el presidente de la Federación Rusa. Descontado por éstos que la caza de Putín es imposible en Moscú o en cualquier espacio principal del escenario del poder ruso, parecen aplicados ahora a buscarle las vueltas a su seguridad en otros parajes. Así ha parecido ocurrir este verano en la provincia de Cádiz, con la detención -por ciudad Real, cuando viajaban en autobús hacia Irún- de dos chechenios, y en Algeciras de un turco, en cuyo domicilio se encontró un zulo donde se habían guardado explosivos muy potentes, posiblemente preparados para ser lanzados con un aeromodelo sobre algún punto de la costa que oficialmente no se estableció, pero que pudo ser en torno del espacio residencial de Sotogrande visitado en ocasiones por el presidente ruso. Hipótesis esta que advertí en su momento.

Lo recuerdo hoy al hilo de la noticia de que el Gobierno de Ucrania ha extraditado a Moscú a un tal Adam Osmayef, chechenio que junto a otro coterráneo residente en un piso de Odesa, dentro del cual sobrevino una explosión que alcanzó a un tercer individuo y determinó la detención de todos. Esta plaza del Mar Negro, que junto a su importante base naval acoge espacios turístico-residenciales, es visitada también para sus descansos, con cierta habitualidad, por el jefe del Estado ruso. Ambos chechenios están acusados de preparar un atentado contra él. Entiendo que no será tiempo perdido seguir esta línea chechenia que parece unir Odesa con Sotogrande.