Alerta en el eje chavista

El reajuste demoscópico registrado en Venezuela ante las elecciones presidenciales que se celebrarán el 7 de Octubre próximo, han hecho cundir la alarma en el chavismo, no sólo en la propia Venezuela sino en el conjunto político regional aglutinado, cementado y promovido por el petróleo bolivariano.

El contraste brutal entre la salud de Hugo Chávez, profundamente quebrantada por el cáncer que le detectaron hace 14 meses y que arrastra ya dos intervenciones quirúrgicas de mayor cuantía, de una parte, y, de otra, la retórica propuesta presidencial de optar a otro sexenio más en la jefatura del Estado. ha hecho caer en unas pocas semanas la ventaja del orden de 10 puntos que mantenía sobre el opositor candidato de consenso entre las fuerzas políticas venezolanas, Enrique Capriles, a otra de una atribución a éste del 47,2 por ciento de los votos, frente a otra del 49,3 favorable a Hugo Chávez.

La eventual derrota del candidato oficialista arrastraría consecuencias negativas de todo orden para el bloque izquierdista suramericano, que incluye desde la capitanía de fondo y forma desempeñada por la dictadura comunista cubana, al socialismo y al populismo de más variopinta formulación, desde el peronismo kichtneriano instalado en Argentina, al orteguismo nicaragüense y el Gobierno ecuatoriano de Rafael Correa. amen otros grados de radicalidad de distinto pelaje; todo, en una dinámica asociativa que va desde UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) a la alianza Bolivariana de Nuestra América (ALBA). Ahora con sesiones en cadena para presionar a Londres para que no desaloje a Julián Assange de la Embajada ecuatoriana.

Pues es el Gobierno ecuatoriano de Rafael Correa el que en estas fechas se ha alzado con la pancarta de la información libre a propósito del asilo político que insiste en otorgar, por medio de su Embajada en Londres, Julián Assange, el ciudadano australiano cofundador de Wikileaks, cuya extradición demanda el Gobierno de Suecia, que le acusa de delitos sexuales supuestamente perpetrados contra dos ciudadanas de ese país escandinavo.

La presunción de que esa demanda extradición sea sólo una pantalla y un puente político-diplomático con que encadenar la entrega de Assange a Estados Unidos, ha sido tomado por el chavismo como ventana de oportunidad de primera magnitud para cargar contra el Reino Unido. Una potencia experta en abusos y torpezas con el mundo hispánico, que no reconoce en esta situación un problema de asilo político por no estar probada persecución de esta naturaleza por parte del país que demanda que se le extradite. Aunque la carga, obviamente, es menos contra los británicos que contra Estados Unidos como supuesto beneficiario último de la entrega de Assange al Gobierno de Suecia, país neutral donde los haya a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días.

Aunque la escandalera que se ha montado desde el chavismo sobre este explosivo particular – en el que la libertad de información como principio se ha saltado con la aventura de Assange todas las reglas establecidas – ha tenido su punto de partida en un país donde el Gobierno de Rafael Correa se pasa la libertad de los medios de comunicación por el mismísimo arco de triunfo. Lo mismo que ha venido haciendo el propio Hugo Chávez con los medios de información venezolanos que le son hostiles. Son aspectos que se necesita señalar, mientras el chavismo como problema regional en la América hispana pudiera encaminarse a sus penúltimas horas. Las urnas de Venezuela dirán, hasta dónde les dejen.