Acongojada espera

Las expectativas, sabido resulta, son un hecho más en el conjunto de la realidad económica y en toda manifestación de la vida colectiva. Un factor de fluida y cambiante identidad. Conviene considerarlo en días como estos, en los que el mercado de la deuda aparece espectacularmente sacudido, desde la posición opuesta en que se encontraban sus expectativas hace una semana. Las sabidas palabras de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), en el sentido de que la institución que él preside haría lo necesario para el euro trajeron que la prima de riesgo soportada por España e Italia se viniera abajo, hasta niveles más congruentes con los niveles y potencialidades de sus respectivas economías, mientras que las Bolsas de ambas, como las del resto de la Unión Europea, se iban para arriba, más allá de la simple recuperación frente a sus últimos espectaculares quebrantos. Las expectativas de los mercados habían experimentado lo que sólo cabe llamar un giro copernicano: de la compartida depresión a la más expresiva y compartida euforia.

Pero se ha entrado ahora en un compás de espera; definido por la aparición de nuevos componentes escénicos. La presencia del secretario norteamericano del Tesoro, Timothy Greithner, y su agenda de encuentros con los componentes de la “orquesta alemana” para un posible nuevo concierto de voluntades ante el problema de la deuda soberana: Wolfgang Schaüble, el ministro de Finanzas en el Gobierno de Berlín; Draghi, el presidente del BCE, y Jens Weidmann, gobernador del Bundesbank y referente más de fondo para lo que Angela Merkel, cancillera de Berlín, sostiene en sus discursos más duros.

Es de señalar que la señora Merkel se encuentra ahora de vacaciones en Italia, luego de manifestar antes del viaje que no quiere que le interrumpan el descanso. Es de señalar ante esta advertencia que no se sabe si fue hecha para que no se la incluyera en la agenda del visitante norteamericano, menos en términos de un eventual encuentro personal que para sólo las resultas del debate que pueda abrirse desde la colisión entre los puntos de vista sobre la crisis del ministro norteamericano del Tesoro, partidario de la inclusión en las estrategias de componentes de crecimiento, no sólo de ahorro, contrariamente al posicionamiento doctrinal, el recetario político, del responsable del Bundesbank, consistente en el gasto cero y caiga quien caiga…

Weidmann, desde la institucionalidad e independencia en sus funciones dentro del Bundesbank, será la piedra de toque en esta agenda de Greithner, secretario norteamericano del Tesoro, en su aventura política por Alemania. Sí, política en la medida que aquello que se debate no son sólo tesis de fondo, teologías económicas para la salvación de la crisis del euro, sino principalmente, para la Casa Blanca norteamericana, una pura y estricta cuestión de plazos…

Noviembre, como quien dice, ya está ahí y el presidente Obama se juega su reelección. La baza suya de comparecer como propiciador in extremis de la salvación del euro, en una nueva suerte de aquel “plan Marshall”, desde el que se reconstruyó Europa, es una baza cargada de urgencias cuyo límite no es el principio de noviembre sino el inicio efectivo de la campaña presidencial, a la que habría de permear, calándola a fondo, la salida de la crisis del euro. El componente simbiótico que define la comunidad atlántica, más allá o más acá de la defensa, implica y supone que aquello que en los términos considerados es bueno económicamente para Europa lo es también para Estados Unidos. No se hablaría únicamente de efectos meramente reflejos del esperado cambio económico europeo en la economía estadounidense, también y de forma primordial de resultantes contables.

La presión de Washington sobre la orquesta monetarista alemana para que de una vez se abran los grifos y acabe la presión de los mercados sobre la deuda soberana podría convertir en alegrías la congoja y suspendida respiración de esta espera hasta mañana.