Insostenible cooperación

Cooperación internacional, probabilidad de secuestro y consecuente rescate a costa del contribuyente es ecuación que se ha vuelto insostenible. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha explicado las razones que han llevado al Gobierno a la repatriación urgente de los cooperantes españoles que se encontraban en Tinduf, solidarios todos con la causa del pueblo saharaui, expoliado en su soberanía por Marruecos, una importante fracción del cual se encuentra refugiada en ese espacio argelino.

Un lugar ese Tinduf en el que se encuentran riquísimas minas de hierro, cuya explotación resulta económicamente imposible si su salida al mercado internacional no dispone de acceso al Atlántico próximo, a través de lo que fue la colonia española del Sahara Occidental. Arrebatada a sus naturales, como es de todos sabido, durante la agonía de Franco, cuando la descolonización ya se encontraba en marcha, a través de la ONU, y luego de que el Tribunal Internacional de Justicia de La haya resolviera, contra las pretensiones de Rabat de anexionarse el territorio, que Marruecos carecía de cualquier título histórico y jurídico sobre el Sahara Occidental y sus gentes.

Argelia tiene por tanto un explicable interés en la causa del pueblo saharaui, pues su expectativa al respecto no se reduce sólo al hierro de Tinduf, sino que se acompaña de la derivada geopolítica de un acceso global al Atlántico. Un asunto este que ahora tiene relevancia potencial muy inferior a la que entonces tenía, en 1975, durante la Marcha Verde neocolonizadora. Era en plena Guerra Fría de la Unión Soviética con Estados Unidos. Pero la rapiña marroquí de la tierra de los saharauis, preciso es decirlo también, incluyó en su botín además de los yacimientos de Bu Cráa – el campo de fosfatos más importante del mundo -, potencialidades muy significativas y acreditadas en el orden de los hidrocarburos, no sólo en tierra firme sino también en la correspondiente zona marítima del territorio saharaui. Y con los hidrocarburos, los recursos pesqueros.

Eso y algunas cosas más es lo que hay en el fondo actual de los refugiados de Tinduf, donde hace nueve meses fueron secuestrados dos cooperantes españoles. Y ante lo sucedido entonces, alertados los servicios de Inteligencia españoles y de otras naciones aliadas – muy reactivados en su labor ante el significativo desplome de la ínfima seguridad existente en el Sahel, tras del fracaso malinense como Estado (inducido por el yihadismo en esa vertiente atlántica igual que lo indujo y explotó en Somalia, sobre la vertiente índica) -; cuando de costa a costa se inscribe el nuevo y muy significativo escenario de Al Qaeda en el mundo afro-musulmán, y los servicios de información occidentales acceden a un conocimiento casi exhaustivo de cuanto allí pasa, un Gobierno europeo del sur como el de España, no se marca ningún farol cuando García-Margallo ha podido decir respecto de nuestros cooperantes en Tinduf “ Sabíamos que iba a haber un secuestro inminente”.

Desde el referido contexto de intereses se entiende también que por parte del Gobierno argelino se haya apostillado la situación creada por la evacuación de los cooperantes españoles considerándola como algo puntual, provisional y de vigencia efímera. Sin añadir, por ejemplo, que Argel estaría dispuesta, por ejemplo, a salvaguardar a saharauis y cooperantes, por ejemplo, con un cordón militar establecido perimetralmente sobre el campamento de refugiados. Pero nada han señalado los argelinos – cuyo gas nos lo venden cada vez más caro – que les pueda comprometer o que les cueste un euro. De su pasado colonial les queda primordialmente la codicia y el cortoplacismo de Francia.

Y por ahí van los trasfondos. A nuestros cooperantes parece importarles más el desempeño irresponsable de la inocencia política a beneficio de la oligarquía argelina que reparar en el hecho de que es el contribuyente español quien carga con el coste del rescate cuando les secuestran. Esa cooperación suya es insostenible y poco menos que irresponsable.