Islámicos contra islámicos

Mientras en la batalla de Oms parece librarse la campaña decisiva en la guerra de sirios contra sirios -lo que en cierto modo ha llevado a que Turquía cierre oficialmente fronteras con su vecino, al tiempo que sobre Líbano se extiende la sombra de un trasvase bélico-, desde la frontera oriental siria en adelante se abre la panorámica de otro conflicto a sangre entre musulmanes, como certifica la autoría de Al Qaeda en las series sucesivas y sostenidas de atentados terroristas contra los chiíes de Iraq, ahora instalados, desde las últimas elecciones celebradas, en el Gobierno de Bagdad.

Pero la violencia entre sectas coránicas dentro del Oriente Medio amenaza ahora, como rebufo del conflicto sirio, con expandirse por el vecino Estado libanés, ya de suyo enganchado en su inestabilidad por el peso de la minoría chií de Ezbolà, que ha sido la “longa manus” siriaca luego de que en su día se retiraran de Líbano las tropas de Damasco, instaladas en el país durante largo tiempo; supliéndolas Ezbolá cuando fue preciso para el hostigamiento puntual y la misma guerra abierta contra Israel, al amparo de estatus técnico de beligerancia en que los sirios permanecen frente al Estado judío desde la guerra del Yom Kipour, en el otoño de 1973.

El conflicto entre islámicos parece consolidarse y venirse a expandir al aire de la llegada al poder del chiísmo en Iraq y de las posiciones logradas por las facciones musulmanas en la desembocadura general en el poder de los coránicos dentro del ciclo democratizador en que, a grandes rasgos, se ha venido a resolver por el norte de África la llamada Primavera Árabe.

Desde el apuntado e inminente riesgo de que el conflicto de Siria repercuta en el escenario libanés, desde la militarización política de su comunidad chií, cabe considerar más que como sólo probable una añadida desestabilización política, e incluso militar, en el Mediterráneo Oriental. Algo que los rusos tienen tan asumido que ello bastaría para explicar añadidamente su férrea oposición a que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas apruebe una Resolución de condena sustantiva contra el semi-demolido régimen de Bashar Al Assad.

Junto a lo cual es preciso señalar cómo el Estado libanés, dentro del actual contexto de guerras de religión, entre una y otra facción islámica, ha ido con el tiempo a la pérdida de sus equilibrios internos originarios, desde el declive por razones demográficas de la preeminencia que en un principio tuvieron allí los cristianos, como resultante estadística de la condición monogámica de éstos.

El disenso conflictivo en la mayoría musulmana libanesa, que ha repercutido en la inestabilidad política del país, es algo que ahora resulta muy probable que se repita, pero en términos más graves que en anteriores ocasiones. Entre otras razones, porque ello afectaría de modo muy sustantivo a la seguridad de Israel, al tiempo que comprometería, en el otro polo exterior del escenario, las expectativas de la República Islámica de Irán. Instalada ahora en una muy presumible tensión por el desarrollo de la grave crisis del régimen de Damasco.