Vísperas de todo en Siria

El atentado terrorista del miércoles contra el cuartel general del régimen sirio, ha restablecido con ventaja para la insurgencia la relación política -e incluso militar- de fuerzas entre los contendientes. Lo ha hecho hasta el punto de que, según apreciación estimativa de Washington, el conflicto fluye ya fuera de control.

Tanto que según versiones pendientes de confirmación, el presidente Bachar Al Asad habría mandado a Moscú a su esposa Asma y a sus hijos, en tanto que otros rumores apuntan a que el propio presidente y el resto de su entorno familiar y político también habrían abandonado el propio Damasco, convertido ahora en el principal escenario de los choques, para refugiarse en Lataquia, por la costa noroeste del país, donde se encuentra, junto al puerto de Tartus la principal base naval rusa en el país.

Una y otra versión confluyen en la misma idea: Rusia comparece, desde un plano más inmediato que el diplomático, como la referencia internacional de acogida para un sistema político que se estaría reconociendo como incapaz ya de sostenerse por sí mismo dentro de condiciones de seguridad suficientes.

El bombazo del miércoles contra el principal reducto político militar del sistema ha dejado éste quebrado por su propio eje. Pero fuera del ámbito interno del conflicto, en el escenario internacional, ha reaparecido para nada el Consejo de Seguridad de la ONU como instancia crítica en la que se ha librado la misma batalla diplomática de otras anteriores ocasiones. Algo programado para el pasado miércoles y que fue aplazado para este jueves por la propia conmoción y la misma contundencia del atentado terrorista contra el reducto nuclear del régimen sirio.

El desenlace de este nuevo episodio en la sede de Naciones Unidas era cosa cantada y descontada por razón de los precedentes ya establecidos en las anteriores ocasiones en que el Consejo de Seguridad ha deliberado sobre este mismo particular. Y ha sido así pese a la novedad de los estragos del atentado contra la posición de fuerza indiscutiblemente superior en que se encontraba el régimen de los Asad y, por ende, en los propios argumentos con los que lidiaba en su favor la alianza ruso-china.

Con la estabilidad del sistema fuera de control en el simple plano de la fuerza, y con la presión integrada de la propia Liga Árabe y del propio bloque occidental en el nivel político y diplomático, el discurso del Gobierno ruso – que es el que lleva la voz cantante de esta alianza – parecía forzado a cambiar desde la incondicionalidad pro Asad en que estaba a otros planteamientos orientados al compromiso entre los contendientes, para evitar el desenlace de un conflicto a escala total, que potencialmente sería de efectos incalculables en la región.

Las tensiones concomitantes en la zona de Oriente Próximo y Oriente Medio, con la inestabilidad libanesa y el subsistente estado técnico de guerra de Siria con Israel, envuelto todo ello en las injerencias iraníes con el propio problema, no han sido condiciones estimadas en este ajedrez de urgencia que se acababa de jugar en Nueva York al redactar esta nota.

De ahí que sea poco menos que obligado concluir que a estas horas corresponde la condición de vísperas de todo en este pulso global sobre Siria.