Tras las puertas de Damasco

En medio de la batalla que se desarrolla en la propia capital siria desde hace varios días, coincidiendo este miércoles con la reunión programada en Nueva York del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, un atentado suicida perpetrado por uno de los guardaespaldas del ministro de Defensa, general Daud Rajha, ha causado la muerte de éste y del titular del ministerio del Interior, en el curso de una reunión que efectuaba la cúpula del poder político-militar del régimen de Bashar al Assad. Lo sucedido – en el que se incluyen otras bajas mortales aún no precisadas -equivale al doble impacto de un torpedo en la sala de máquinas y en el puente de mando de la represión cursante contra los rebeldes, que en las últimas horas han progresado hasta el estricto estatus de beligerantes.

El conflicto había experimentado en su evolución un salto cualitativo, al consolidarse como “la batalla de Damasco” y sobrevenir este crítico suceso del atentado. Una acción terrorista que hace algo más que remedar otras similares que se han repetido en Afganistán contra centros de mando militares y políticos, incluso uno de ellos contra el cuartel general de la CIA. El dato es, indiscutiblemente, de la mayor relevancia: significaría tanto como que la propia Al Qaeda se habría integrado en la disidencia siria, quizá dentro de su dinámica de actuación en red, operando en una suerte de sinapsis como la presente en las neuronas cerebrales; o sea, como la propia relación funcional de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas. Lo cual quiere decir tanto como que la actuación de Al Qaeda no deriva de presupuestos o condiciones estructurales, sino de un solo nexo funcional. El médico egipcio Al Zauhiri, que sucedió a Ben Laden al frente del tinglado terrorista, tendrá visualizado como nadie eso del sistema sináptico con el que está operando el terror islamista.

Por otra parte, no deja de ser significativo en lo concerniente a la actuación de Al Qaeda dentro de lo que ya es guerra civil siria, la muerte de dos musulmanes españoles originarios de Ceuta, durante el curso de la contienda en la presente fase damascena. Este factor de extrema radicalidad islamista aportaría razones añadidas a la motivación geopolítica de la Federación Rusa para la defensa del régimen sirio, a la que me refería en un reciente comentario sobre este asunto; defensa que en estas últimas horas se ha renovado con la advertencia de que interpondrá su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU a toda Resolución que incluya sanciones sustantivas contra el régimen de Damasco.

Vladimir Putin, debe recordarse, mantiene su muy particular guerra contra el terrorismo islamista en el Caucaso ruso, principalmente en Chechenia, tras de los grandes atentados ejecutados en Moscú. Uno en octubre de 2002 y otro en marzo de 2010; el primero, tomando como rehenes a los asistentes 800 asistentes a un teatro, en el que murieron más de cien espectadores por el gas empleado contra los terroristas, y en el segundo, contra el Metro, en el que perdieron la vida más de 40 pasajeros.

El atentado terrorista de este miércoles en Damasco separa ya, define, un antes y un después en el conflicto de Siria. A partir de hoy es lo más probable que nada sea igual allí de lo que fue hasta ahora. Hay algo más, bastante más, que el descabezamiento del aparato represivo y defensivo del sistema. Atención pues al Consejo de Seguridad de hoy.