Lección norteamericana de democracia social

Una lección norteamericana, digo, democracia social y de arquitectura constitucional, esta de la resolución del Tribunal Supremo. Un fallo judicial en la más alta instancia estadounidense que es del mayor interés para españoles desde varios puntos de vista. Primero para el ya reiniciado debate sobre la bicefalia en el vértice de nuestro propio sistema judicial. Ahora desde el escandaloso y doble desenlace sobre las franquicias de Herri Batasuna, en cuya virtud ha sido posible, de una parte, el regreso a las instituciones democráticas del brazo político del terrorismo vasco. Igual que antes lo fue de, otra parte, la escalada del nacionalismo independentista catalán al limbo de impunidad en que se practica, por la Generalitat de Barcelona, cualquier suerte de prácticas soberanistas incompatibles con la legalidad suprema que representa la Constitución de l978.

Mientras se demora la respuesta a los recursos de inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña presentados ante el Tribunal Constitucional, acaba de resolver el Tribunal Supremo en una reciente sentencia contra determinados términos capitales de la política de inmersión lingüística que esa Autonomía aplica a la Enseñanza en Cataluña.

Ni en un ámbito ni en el otro se habrían ocasionado tan graves y enormes distorsiones si en lugar de haber un Tribunal Constitucional, que le enmienda la plana al Tribunal Supremo, la protección jurisdiccional de las garantías constitucionales se hubiera instrumentado a través de éste, por medio de una Sala encargada de resolver en tal materia de garantías.

La condición “suprema” del TS no se habría resentido ni en el orden de las palabras ni en el nivel de los conceptos. Tampoco en el de la seguridad jurídica, que resulta dañada por esta tumoración suprema de la partitocracia, que lleva a que el Poder Legislativo se injiera y desnaturalice la independencia del Poder Judicial, al desvirtuar la autonomía de éste por la provisión de los componentes del TC por juristas que no son jueces de promoción independiente y sí personalidades promovidas por su sesgo ideológico.

Con una fórmula como la española, el fallo del Tribunal Supremo norteamericano sobre la reforma del sistema sanitario de allí, carecería de su poso y de su halo de autoridad, y de la virtualidad esclarecedora con que este desenlace judicial certifica la concordancia de ese enorme avance social con el acervo de libertades individuales sobre las que reposa la primera democracia del mundo. Aparte, claro está, de consagrar una victoria política del presidente Obama, probablemente decisiva para su triunfo en las elecciones presidenciales de noviembre.

Asimismo, es profundamente significativo que en este caso, tratándose como se trata de materia de tan nítido significado social – del alcances propiamente revolucionarios, por los tabúes vigentes aun en materias de autonomía individual en la sociedad norteamericana -, es significativo e ilustrador de la independencia funcional de sus jueces del Tribunal Supremo, encargados en este caso de resolver en materia de garantías constitucionales, el hecho mismo de que en el presente caso haya sido un tribunal de mayoría conservadora … Lo que ha prevaleció no fue otra cosa que la independencia de criterio de los magistrados que lo forman.

Algo, en fin, de importancia esencial en aquellas materias críticas, como esta de la reforma del sistema sanitario estadounidense, pertenecientes a determinados ámbitos temáticos donde confluyen las aguas liberales de la democracia para las libertades con aquellas otras, socialdemócratas, de la democracia para igualdad.