Un placebo envenenado

Perece que si en las próximas 48 del Consejo Europeo no se pacta una fórmula de puente cronológico entre la pretensión española de que la ayuda solicitada se inyecte directamente a los bancos y la resistencia del Eurogrupo a que se opere la recapitalización directa de la banca, el desenlace convenido no rebasará la naturaleza que correspondería a un placebo envenenado.

Operaría como un analgésico que agravaría más que otra cosa el problema económico español. La inyección en vena al Estado por vía del FROB (Fondo Financiero de Reestructuración Ordenada Bancaria), tal como repetidamente se ha advertido, sólo habría de servir para aumentar la deuda y agudizar la crítica situación a que se ha llegado desde el punto cenital, según Zapatero y su gobernador del Banco de España, que correspondía a nuestro sistema bancario.

Los mercados, en sostenido acecho, habrían de saltar directamente a la yugular de la deuda española, haciéndose con ello más insostenible todavía la política estérilmente establecida: con agravamiento del peso del déficit y la trivialización de los inacabables sacrificios y recortes con que pechamos los españoles para reducirlo a los límites exigidos por Bruselas.

El régimen de bota malaya a que supuestamente se nos somete desde Alemania y Flandes, por sus efectos descoyuntadores tanto o más que sólo dolorosos, definiría un cuadro europeo de clamorosa insolidaridad y de suicida indiferencia ante los efectos que habría de generar el ahogo español de la actual tesitura. Precisamente cuando el Banco de España advierte del agravamiento de la recesión, con la caída estimada del PIB en un 0,3 por ciento entre los meses de abril y junio.

Y a propósito de la noticia de que los “hombres de negro” ya están aquí, venidos del norte con la lupa en ristre repasando los números de los bancos, lo mismo que venían de allí con los problemas de los Hausburgo, aunque otros llegaron enviados por los banqueros de Génova durante el reinado de los Reyes Católicos y vetaron el proyecto de Fernando de Aragón para que la lana de Castilla se tejiera en Cataluña. Pues ocurrió que la Corona de Aragón era concurrente en el Mediterráneo con los intereses genoveses. Se frustró así la vertebración económica que nutriese la unidad política de España ya conseguida.

Resulta ahora por tanto que la historia de los “hombres de negro” se repite al aire de las peripecias del Euro. Lo hace, por tanto, en términos bien distintos de aquellos. Ya no se trata de la insuficiente unidad nacional reconstruida ni de la financiación del Imperio español. Son por las cuentas de un fracaso europeo de unidad monetaria hecho a la medida de los intereses de Alemania. Sin parar en la cuenta de que la federalización de las políticas fiscales habrían de haber ido por delante. Y olvidando, como Monti recordó en la Cumbre a Cuatro de Roma, que en 2003 los alemanes con su déficit desbocado se pasaron por el arco de triunfo el Tratado de Maastrich.