La Hermandad Musulmana “gobernará” en Egipto

Con una demora de cuatro días sobre la fecha prevista para proclamar los resultados de las elecciones presidenciales egipcias, la Comisión Electoral ha proclamado la victoria del islamista Mohamad Morsi. A primera vista, esta figura de los Hermanos Musulmanes comparece como primer presidente democrático del país. Pero sólo es así de una manera formal y teórica: por el sistema de elecciones para acceder al poder.

Lo más relevante es lo que queda por saber, de una parte, sobre las condiciones y garantías en que Morsi ha sido proclamado vencedor. Condiciones arbitradas por la Junta Militar, que representa la continuidad del Estado desde la destitución del presidente Mubarak, apartado del poder por la responsabilidad que se le atribuyó en la muerte de 900 egipcios en la primera fase del cambio político en el país. Garantías, de otro punto, que habrán sido aportadas por los Hermanos Musulmanes en el sentido de que entierran su hacha de guerra al Estado egipcio desde los tiempos del presidente Naser.

Desde un estricto punto de vista nacional, se arranca con los recelos liberales de las fuerzas laicas ante el nuevo turno presidencial, independientes como son éstas tanto de los militares como del frente islámico. Así, de una parte se teme al propio discurso islamista del candidato triunfante, mientras que de otra tienen algo más que recelos ante el poder militar persistente, considerado cuales hayan podido ser los pactos de la Hermandad con las fuerzas militares, que a sus poderes formales suman la condición de primerísimo poder fáctico del país en lo que se refiere a las potestades económicas.

Pero es en lo estrictamente político allí donde más se acumula la reserva de poder del estamento militar egipcio, tras haberse auto-asignado las facultades legislativas con la disolución del Parlamento elegido el pasado invierno, así como por haber recabado la facultad de diseñar las propias competencias presidenciales. O sea, que lo de llamar “presidencia democrática” esta que ha salido de las urnas, es cosa que equidista del eufemismo y del ejercicio posiblemente simulado de buena voluntad por parte de los islamistas.

Hay, sin embargo, otro factor adicional a considerar ante este convenido desenlace electoral de los comicios presidenciales. Me refiero a la muy probable gestión arbitral de Estados Unidos. Si de un punto existe el puente político turco, pues la Turquía del Gobierno islámico pertenece como es bien sabido a la OTAN, sobreviene de otro punto la circunstancia de que Turquía apoya a los sirios suníes que aportan la base demográfica de la rebelión contra el régimen de los Assad.

La posible involucración de la OTAN en el conflicto sobrevenido por el derribo de un avión turco en aguas internacionales – que no en aguas propias como argumentó el Gobierno de Damasco -, aporta en cierto modo un anclaje geopolítico muy significativo al pacto político de conformidad que subyace en la proclamación por la Junta Militar de Mohamed Morsi, candidato de los Hermanos Musulmanes, como vencedor en las elecciones presidenciales egipcias.